A fines de los 80 llegó a mis manos la edición argentina de El cuento de la criada, de la escritora canadiense Margaret Atwood, publicada por Sudamericana, en una época en la que las editoriales locales no formaban parte de conglomerados multinacionales y eso les permitía publicar libros extranjeros sin depender del visto bueno de sus dueños españoles y sus torpes traducciones castizas.


