Ya colgaron de una soguita tirante, en el cantero central del bulevar las casacas albiceleste y el pabellón nacional multiplicado como ropa tendida. ¿Flamean al ritmo frenético de la mercadotecnia o bailan en el viento de esa conocida ansiedad compartida por el montón, acá en la antesala de un nuevo torneo ecuménico de fútbol?

