El 11º campeonato destinado a recordar a los 178 rugbiers secuestrados por la dictadura fue truncado cuando varios clubes de la provincia se retiraron al no recibir la asistencia prometida.

El evento, programado en Tucumán para rendir tributo a las víctimas del terrorismo de Estado, contó con la participación de equipos provenientes de distintas regiones, pero la ausencia de recursos y logística adecuada provocó la renuncia de varios de ellos.

Ante la crisis, la organización del torneo solicitó la intervención de la Legislatura provincial; sin embargo, la gestión quedó a cargo de Ricardo Bussi, hijo del exdictador, como titular de la Comisión de Deportes, lo que generó controversia y críticas sobre la falta de apoyo institucional.