Las vías en mal estado amenazan la integridad de los usuarios y encarecen los costos logísticos para la actividad económica.

El deterioro de las rutas principales está generando un riesgo creciente para los conductores y pasajeros, quienes se enfrentan a mayores probabilidades de accidentes y retrasos.

Al mismo tiempo, el aumento de los gastos de mantenimiento y reparación está afectando a las empresas que dependen del transporte terrestre, elevando los precios de los bienes y servicios vinculados a la cadena de suministro.