El presidente Javier Milei salió de su encierro en Olivos para presidir una junta de su gabinete, poniendo fin a 45 días de aislamiento que habían alimentado rumores sobre su estado de salud.

Durante su ausencia, la atención pública se centró en la dinámica de poder entre Milei y la vicepresidenta Karina, con comentarios que sugerían que ella ejercía una influencia predominante dentro del Ejecutivo.

Al retomar sus funciones, Milei buscó consolidar su liderazgo y responder a las especulaciones que circulaban, mientras la prensa de la Casa Rosada describía la situación como una muestra del predominio de la vicepresidenta en la toma de decisiones.