La detección temprana sigue siendo la piedra angular en la lucha contra el cáncer, pero el desafío médico no termina con el alta de un paciente. Una vez finalizado un tratamiento oncológico, existe el riesgo de que persista en el organismo un número muy reducido de células tumorales remanentes. Este fenómeno se conoce como Enfermedad Mínima Residual (EMR). Estas células son completamente invisibles a los métodos clínicos y radiológicos convencionales. Sin embargo, son las principales responsables de las recaídas o de la progresión futura de la enfermedad.