La cábala de la mamá de Montiel

Gonzalo Montiel jugó unos pocos minutos en la final del Mundial Qatar 2022. Sin embargo, será recordado en la eternidad albiceleste como el encargado de meter la última pelota que consagró a Argentina como tricampeona del mundo. El lateral pateó el último penal que le dio la victoria a la Albiceleste ante Francia y, después del partido, su madre reveló su cábala cada vez que su hijo define desde los 12 pasos.

“Cada vez que patea un penal, no lo miro, pero él nunca lo erra. Ya es cábala que lo mira toda mi familia, pero yo no”, contó Marisa, que viajó a Qatar y estuvo en las tribunas del Estadio Lusail durante el encuentro. “¿Si estuvimos nerviosos? Nosotros sí, pero él no. Ya lo lleva en la sangre”, sostuvo en diálogo con El País.

Después de que Lionel Messi, Paulo Dybala y Leandro Paredes convirtieran, Emiliano “Dibu” Martínez atajara uno y Aurélien Tchouaméni errara, el “Cachete” abrió el pie derecho y engañó al arquero Hugo Lloris. La cruzó al palo izquierdo y la Argentina entera gritó su tercera Copa Mundial.

Montiel es oriundo de González Catán, La Matanza, donde ya pateaba desde los 12 pasos en Club Social y Deportivo El Tala. "Costó, con mucho sacrificio y humildad. La peleó de chiquito y estamos felices", expresó emocionada Marisa, que hasta 2018 no había viajado nunca fuera del país, y ese año, su hijo la llevó a Madrid para ver la final de la Copa Libertadores entre River y Boca.

El “Cachete” debutó en 2016 en el Millonario y nunca erró un penal en toda su carrera profesional. De los 10 que pateó, metió 10. “Siento muchas emociones juntas, no sabemos ni dónde estábamos parados”, sostuvo la madre del jugador de la Scaloneta, quien además dijo: “Lo amo, lo queremos un montón. Mamá siempre va a estar con él”.

De González Catán a Qatar: la historia de Gonzalo Montiel

La historia de Gonzalo es como la de muchos otros pibes del fútbol argentino. Criado en González Catán, donde el papá era albañil y la mamá empleada de limpieza. Mientras sus padres trabajaban, se formó en el Club Social y Deportivo El Tala, donde comenzó a jugar y construir la carrera que años después lo llevaría a la cima. A los 10 años, estuvo seis meses probándose en Boca, aunque no quedó. Dos años después llegó a River.

Viajaba dos horas y media desde Virrey del Pino hasta Villa Martelli, donde entrenaban las inferiores de River. "Al principio me acompañó mi vieja, pero como trabajaba y debía pedir horas, me las arreglé para venir solo", afirmó en 2018 a un medio local de La Matanza.

"Me tomaba el 620, una traffic hasta Liniers y de ahí el 28. Dos horas y media de ida y lo mismo de vuelta. Lo hice casi dos años, hasta que me cansé. Les dije a mis familiares que no aguantaba más y pedí vivir en la pensión de River. Extrañaba y los necesitaba, por más que me hacía el duro. Pero también valoraba y sabía que ahí había más que lo que tenía en casa", recordó.

Sus esfuerzos rindieron frutos, y se dio el gusto de jugar en el River de Marcelo Gallardo. En las inferiores, jugó en todos los puestos de la defensa, de cinco y de ocho. Fue capitán y campeón en la 6ta, campeonato que hizo que el técnico de la Primera División lo tuviera en cuenta. En tres meses, el "Muñeco" lo consideraba titular indiscutido y lo llamaba "bombero", ya que podía ponerlo en cualquier posición y cumplía.

Los del barrio afirman que cuando Gonzalo volvía a casa, pateaba penales por plata en los potreros de Catán. Quizás por eso pudo patear indiferente lo que sin lugar a dudas era el penal más difícil de su carrera.

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Artículo original de www.pagina12.com.ar

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