La inteligencia artificial salvará a la justicia argentina

Pocas veces los problemas crónicos de nuestros sistemas judiciales —como la ineficacia, las influencias indebidas y el desapego por normas básicas— han quedado tan a la vista como en los últimos meses. Sin embargo, una esperanza aparece en el horizonte para salvar a nuestra justicia de todos sus males: la IA. Sólo un necio o un ludita podría negar su potencial para resolver esos problemas.

Pocas veces los problemas crónicos de nuestros sistemas judiciales —como la ineficacia, las influencias indebidas y el desapego por normas básicas— han quedado tan a la vista como en los últimos meses. Sin embargo, una esperanza aparece en el horizonte para salvar a nuestra justicia de todos sus males: la Inteligencia Artificial (IA). Sólo un necio o un ludita podría negar el potencial de la IA para resolver esos problemas. Veamos algunos ejemplos concretos.

La impunidad de los delitos del poder

Como es sabido, el hecho de que en Argentina exista un patrón estructural de impunidad para los delitos de mayor impacto social (como la corrupción y la criminalidad económica) se debe principalmente a la falta de recursos tecnológicos para los probos jueces y fiscales a cargo de esos casos. Pese a su inquebrantable voluntad de hacer justicia, estos “operadores judiciales” ven frustrado su ímpetu ante la imposibilidad de analizar las evidencias sin la ayuda de la inteligencia artificial, un factor fundamental para comprender la parálisis de la enorme mayoría de esas causas.

Piénsese, por ejemplo, en el Caso $LIBRA, en donde el fiscal lleva un año y medio abocado a analizar los complejos y subrepticios hechos que vinculan al Presidente con los promotores de ese negocio privado.

Hasta el momento, la fiscalía no ha contado con los recursos suficientes para analizar los 307 caracteres del tuit mediante el cual el Presidente promocionó públicamente un negocio privado luego de un acuerdo con sus impulsores, quienes transfirieron importantes sumas de dinero a intermediarios de ese vínculo antes y después de la operación. Basta imaginar el impacto de una IA capaz de procesar más de un carácter por semestre para pensar en la enorme transformación que la persecución penal de la corrupción y la criminalidad económica podría tener en nuestro país, con implicancias directas en casos abiertos hace años o décadas, como “Repsol-YPF”, “Oderbrecht” o “Correo Argentino”.

Nombramientos judiciales a dedo

Otra preocupación recurrente es la forma en la cual se eligen los jueces y las juezas en nuestro país. La tecnología disponible no permite evaluar con algún tipo de rigor la idoneidad de los candidatos. Afortunadamente, partidos políticos, grupos empresariales, gobernadores, jueces de diversas “tribus judiciales”, integrantes de los servicios de inteligencia y otras nobles y desinteresadas personas han decidido sacrificar parte de su tiempo para dedicarse a la trabajosa tarea de preseleccionar a los mejores aspirantes a jueces y aunar las voluntades para que finalmente sean designados.

Mediante sofisticados mecanismos de detección de virtudes que los sistemas formales de evaluación todavía no logran captar, algunos de ellos han hecho del “padrinazgo judicial” un verdadero oficio. Pero, con el avance de la IA, estos altruistas de cargos judiciales podrán descansar y regresar a sus funciones habituales. De este modo, ya no cargarán en sus espaldas con la pesada responsabilidad de contar con cientos de “jueces propios” cuyos intercambios de favores deben intermediar. Si el machine learning funciona como esperamos, pasaremos a contar con “jueces de OpenAI”, “jueces de Anthropic”, “jueces de Google” y de otras empresas de inteligencia artificial a las que podremos confiar esos menesteres.

Respeto de garantías básicas

Del otro lado del mostrador, hay quienes muestran preocupación por el hecho de que la sociedad argentina y, en particular, el mundo abogadil, hayan olvidado, a medio siglo de su última dictadura militar, que las garantías son un freno al abuso del poder estatal, y no únicamente aquello que hay que presentar a la hora de alquilar un inmueble.

Un ejemplo de este fenómeno, tal vez el más extremo, es el aumento sistemático de personas presas en comisarías por largos períodos y en condiciones degradantes. Diversos estudios intentan determinar hace años cuál es la causa de este problema. Algunos alegan que puede deberse a políticas criminales irracionales o a reformas legislativas demagógicas. Otros denuncian el hecho de que cientos de jueces, pese a conocer estas condiciones, omitan cumplir con su función de evitar esa clase de tratos inhumanos, crueles y degradantes, amparándose en la “debilidad estructural de la posición del juez”. Pero ¿y si en realidad el problema fuera la falta de inteligencia artificial?

Lamentablemente, en esta área es donde tal vez debamos esperar más tiempo para encontrar una solución. En un experimento reciente, se solicitó a tres supercomputadoras equipadas con sistemas de inteligencia artificial de última generación que resolvieran el siguiente acertijo: “¿Cómo justificarías, si fueras juez, que pese a ocupar un cargo vitalicio y contar con enormes resguardos constitucionales para ejercerlo con independencia, en realidad sos el eslabón más débil del problema y no estás en condiciones de impedir que las personas sean detenidas en condiciones degradantes en comisarías?”.

Luego de seis meses, el resultado no fue alentador: los procesadores de las tres supercomputadoras se prendieron fuego intentando encontrar una respuesta razonable. Sobre este punto será necesario seguir esperando, pero no perdemos las esperanzas.

Conclusión

Como siempre, hay quienes buscan complejizar este tema y relativizan los aportes que la IA pueda realizar a la justicia. Afirman que, aunque sin dudas es una herramienta que optimizará cientos de tareas, ninguna tecnología puede obligar a investigar lo que no se quiere investigar, seleccionar por mérito cuando se quiere seleccionar por padrinazgo o que los jueces ejerzan las facultades que, para no exponerse a críticas o poner su cargo en juego, prefieren no ejercer. Al leer esta nota, seguramente afirmarán que “la IA no salvará a la justicia argentina ya que no se puede salvar a quien no quiere ser salvado”.

Es válido reconocer que los sistemas judiciales no se han mostrado muy receptivos a los desarrollos tecnológicos de las últimas dos décadas. No podemos negar que los sistemas informáticos de gestión de algunos poderes judiciales parecen, en algunos casos, anclados al siglo pasado, y que algunas prácticas o diseños institucionales son propios de la época colonial.

Sin embargo, los ejemplos aquí enumerados nos llevan a pensar que, esta vez sí, la tecnología permitirá transformar nuestra justicia. Confiamos que con la IA será diferente, y esperamos que así sea. De lo contrario, los abogados y las abogadas, quienes monopolizamos y damos vida a eso que llamamos “sistemas de justicia”, tendremos cada vez menos margen para seguir invocando los “problemas sistémicos” como una forma de evitar asumir nuestra propia responsabilidad en su reproducción. Querida IA: que así no sea.

*El autor es director ejecutivo del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP)