No todos vinieron en los barcos. Antes de la ola inmigratoria masiva que tuvo lugar a principios del siglo XX ya había una Argentina, la Argentina de los pueblos originarios. En estas tierras vivían cientos de miles de hombres y mujeres: quechuas, mapuches, guaraníes, qom, diaguitas, selk’nam, tehuelches, wichis, chiriguanos y pampas que habitaban montañas, bosques, llanuras, costas y desiertos. Cada uno de estos pueblos tenía cosmovisiones diferentes, pero los unía la pulsión por contar historias alrededor del fuego, una tradición ancestral que pasaba de boca en boca y de generación en generación, sostenida por los ancianos de cada tribu.



