El fútbol irrumpió con su fiesta, con el corazón del mundo puesto en una cancha que saltó del potrero y del club de barrio a un mundial globalizado donde todos son protagonistas. Y donde está el corazón, el juego que da alegría, está la vida y sus circunstancias, está la política, el ajedrez del poder, que para los argentinos fue clarito desde el principio “por el Diego y por Malvinas y el último de Lionel”.



