En su segundo largometraje de ficción, la directora Laura Chiabrando aborda una tragedia familiar para investigar cómo continúan las vidas de los sobrevivientes, intentando capturar un presente arrastrado por un pasado que ya no existe.

Chiabrando, quien ya había incursionado en el cine con obras de carácter íntimo, parte de la experiencia dolorosa de su propia familia para construir una narrativa que reflexiona sobre la persistencia del recuerdo y la ausencia. La película se sumerge en la cotidianidad de los personajes, mostrando cómo el eco de lo perdido sigue influyendo en sus decisiones y relaciones.

Según la realizadora, la intención es “poder retratar la ausencia” y revelar cómo el pasado, aunque ya no esté presente, sigue tirando de los hilos del presente, configurando una atmósfera de melancolía y búsqueda de sentido que permea todo el filme.