Sólo la felicidad puede poner de rodillas a Lionel Messi, que cae rendido contra el césped del estadio de Atlanta apenas se pita el final del histórico 2-1 sobre Inglaterra. Sus hermanos de la Scaloneta (ya son más que amigos, compañeros, aliados) lo siguen, algunos descargando la emoción propia sobre el campo de juego, otros mirando el cielo, otros volando al fin con el salto tan pedido; todos (ellos y nosotrxs) con lágrimas en los ojos.