Nuestro tiempo puede ser tan miserable que no logremos encontrar en la sociedad que nos rodea la naturaleza humana que necesitamos para resistir a las dos lacras de nuestra época: el exceso de miseria y la miseria del exceso. Estamos tan hartos de este planeta que nos preguntamos por qué el mundo, nuestro mundo, ha devenido en una escombrera de piernas y brazos mutilados, de hambre y pobreza infinita, como si un cocinero loco se ejercitara en desigualdad y metralla haciendo un sofrito de acero y carne humana sobre el que guisar sus obsesiones.

