La mayor cementera de Argentina conmemora su centenario en la Bolsa de Nueva York, pese a operar a menos de la mitad de su capacidad instalada y con la vista puesta en impulsar la demanda a través de Vaca Muerta, la minería y los proyectos del esquema RIGI.

El viernes, bajo un calor que superó los 36 °C, la compañía marcó su presencia en el corazón financiero de EE. UU. al sonar la campana de apertura de la bolsa, acto encabezado por el nuevo accionista Marcelo Mindlin y el director general Sergio Faifman. Desde su ingreso a Wall Street en 2017, Loma Negra ha sido símbolo de desarrollo nacional, responsable de obras de infraestructura como represas, carreteras y hospitales, y reconocida por su icónica bolsa de cemento con la bandera argentina.

El sector de la construcción sigue sin recuperar el ritmo del año récord de 2022, cuando se comercializaron cerca de 13 millones de toneladas de cemento. En 2023 la actividad se mantuvo prácticamente estable, mientras que en 2024 experimentó una caída del 25 %. Según las proyecciones de la empresa, el balance anual podría registrar un ligero aumento del 3 % después de una caída del 2 % en el primer semestre, influida por lluvias intensas. El mercado total se estima en unos 10 millones de toneladas anuales, y Loma Negra, pese a operar bajo el 50 % de su capacidad, conserva alrededor del 45 % de la cuota de mercado.

Para revertir esta situación, la compañía apuesta a que el próximo ciclo de crecimiento provenga de la explotación de Vaca Muerta, de la minería y, a futuro, de un mercado de crédito hipotecario que aún no dinamiza la construcción residencial. Faifman destacó la necesidad de que el auge de la energía y la minería vaya acompañado de inversión en vivienda y obras públicas, ya que de lo contrario el impulso se diluiría. Entre los proyectos que podrían generar la demanda esperada están la planta de gasificación de YPF, la unidad de producción de urea de Pampa Energía, los trabajos de TGS y la mina Vicuña en San Juan, los cuales forman parte del programa de inversión RIGI y, de concretarse, podrían devolver a la empresa los volúmenes de 2022 en un horizonte de tres a cuatro años.

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