Ayer tuvo lugar la ceremonia de premiación del 31º Festival de Cine Latinoamericano Rosario, que organiza Punto Audiovisual, dependiente de la Secretaría de Cultura y Educación. A grandes rasgos, el equipo organizador no puede estar más feliz: más de 4.000 espectadores distribuidos en cinco sedes, talleres y conversatorios plenos de asistentes, funciones con asistencia numerosa y algunas con la sala colmada. En tales casos -como sucedió en la función inaugural, el estreno de Lu & Pau, y la proyección de Belén-, fue mucha gente la que no pudo ingresar. Más allá del dolor de cabeza que esto supone -dar explicaciones y calmar a quienes quedan afuera, ofrecer una alternativa (como la función agregada de Belén)-, lo que señala la situación es la respuesta positiva por parte del público. El cine convoca, es una actividad de divulgación cultural. Y es económicamente rentable: algo comprobado hasta el hartazgo, en cualquier cinematografía del mundo. Sin embargo, el contexto nacional lo está rematando. Así de increíble. Por eso, bienvenida la nueva y feliz edición del Festival que se celebra en Rosario, con sede principal en Cine Lumière (Vélez Sarsfield 1027).