Charly García, a pesar de su origen porteño, siempre cultivó una relación cercana con la provincia de Buenos Aires, desde sus juegos infantiles en una quinta de Paso del Rey hasta sus escapadas veraniegas en Pinamar, donde repitió una temeraria hazaña.
Durante su infancia, el músico solía pasar los fines de semana en una casa de campo ubicada en Paso del Rey, donde disfrutaba de la tranquilidad del entorno y forjaba recuerdos que más tarde influirían en su obra.
En los años posteriores, las vacaciones en Pinamar se convirtieron en una tradición para García, quien aprovechaba la playa para vivir experiencias intensas, como la famosa y arriesgada caída desde el noveno piso que había realizado previamente en Mendoza, generando una nueva leyenda sobre su carácter impulsivo.
Estas vivencias, capturadas en imágenes de Maxi Vernazza, reflejan la dualidad del artista entre la vida urbana de la capital y la libertad que le brindaba la costa bonaerense.


