La política económica del Gobierno suele presentarse como un programa neutral de desregulación que simplemente libera las fuerzas del mercado. Pero la estrategia oficial define ganadores y perdedores con bastante claridad. Entre los principales beneficiados aparecen los sectores energético y minero, impulsados por los desarrollos en Vaca Muerta y la extracción de litio, que recibieron un fuerte respaldo a través del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). También fueron favorecidos el sector agroexportador, mediante sucesivas rebajas de retenciones, y el sistema financiero, que encontró nuevas oportunidades de rentabilidad a partir del desarme de pasivos remunerados del Banco Central y de la expansión del crédito.