
Cuando el film María Antonieta se presentó en el Festival de Cannes en 2006 recibió aplausos, pero también abucheos de algún público chovinista que no se bancó que una directora y una actriz estadounidenses trataran con tanta libertad y desprejuicio desde todo punto de vista, a un personaje tan mitificado. Luego, la crítica más estricta defendió ampliamente la cinta, y hoy en Francia se le está rindiendo homenaje con una atractiva muestra.
Por Moira Soto
El próximo 16 de octubre se cumplen 333 años de la ejecución, en la hoy Place de la Concorde, de la reina María Antonieta, decapitada cuatro años después del estallido de la Revolución Francesa, previamente juzgada bajo el terror de Robespierre; un proceso injusto y cruel, durante el cual se obligó a declarar presuntas infamias de índole sexual a su hijo de 8 años. Asimismo, se están celebrando 20 años del estreno del exitoso film de Sofía Coppola sobre la reina consorte de Luis XVI con sendas exposiciones: primero fue Marie-Antoinette Style, que culminó en marzo pasado en Londres y el 22 de septiembre abrió en el Petit Trianon de Versalles la muestra Marie-Antoinette par Sofia Coppola, que se extenderá hasta fines de enero 2027.
Los festejos por el vigésimo aniversario del este film convertido en referente cultural, muy apreciado ahora por la generación Z, prosiguen con la publicación en los Estados Unidos del libro Making Marie Antoinette, de Andrew Durham, fotógrafo, amigo y colaborador de larga data de la cineasta, que tomó cientos de fotos en esa filmación, con cámara analógica, que muestran la convivencia de la opulencia del Versalles del XVIII con la moderna tecnología, ensayos y descansos, más el texto de una larga conversación de AD con SC. Por otra parte, se anuncia para noviembre el estreno en Mubi de un documental –con el mismo título que el citado libro–, que fuera montado por Sofía Coppola a partir de las muchas horas que grabó amorosamente su madre, Eleanor Coppola, en el curso del rodaje de la cinta de marras.
Afiche en conmemoración por el 20 aniversario.
Finalmente, en estos días, se está ofreciendo en salas de cine de autor/a de Norteamérica, empezando por Paris Theater de Nueva York, la copia restaurada en 4K de la película de Sofía, que llegará en noviembre al Reino Unido, Irlanda y Francia. Noticias todas estas que sin duda alegrarán a la brillante historiadora y escritora Antonia Fraser, de 94 recién cumplidos, autora de la biografía María Antonieta, la última reina (edición en castellano de Edhasa), sobre la que se basó SC, sumándole leves modificaciones. Fraser, que sigue escribiendo en su oficina del cuarto piso del sur del barrio de Notting Hill, consideró “muy hermosa” en su momento la obra de la directora, aceptando de buen grado sus toques personales, “naturalmente lícitos”. A Sofía Coppola, siempre entre su país y París, no le cabe tanta felicidad en su corazón. La realizadora de logros tales como Las vírgenes suicidas, Perdidos en Tokio o Priscilla, también puestista de ópera y hacedora de fotografías de moda, dice que María Antonieta es su film más jugado, en el que depositó mayores ilusiones. Y que, a través de los años, le sigue rindiendo incontables gratificaciones.
En la exposición, el lecho de la reina y maniquí con uno de sus icónicos trajes
La archiduquesa de 14 fletada a Versalles
Maria Antonia de Austria, penúltima hija del emperador Francisco I y de la emperatriz María Teresa, fue candidateada por su propia madre para convertirse en esposa del futuro rey de Francia, Luis XVI, con el fin de acercar posiciones entre las dos dinastías. Y allá fue la inexperta chica, arrancada de su entorno natal, a caer en medio de una corte decadente y llena de intrigas –que la detestó en forma casi unánime–, para casarse con otro adolescente al que no conocía.
La intérprete de María Antonieta paseando frente al Petit Trianon, su refugio
Uno de los grandes méritos conceptuales del film de Coppola es acercarse a este personaje, que pasó a llamarse Marie Antoinette, desde una mirada moderna y sinceramente comprensiva, tocando cuestiones que refieren indirectamente a la actualidad como ese pasaje brusco y forzado a la adultez, la exposición de la intimidad, la vida en una burbuja desconectada de la realidad de tantos políticos y presidentes del XXI, las abismales diferencias sociales. Y, claro que sí, esa pasión por la moda que va incorporando la joven reina y que -más allá de vilipendios y escarnios- la puso en un sitial de top model del XVIII merced a su elegancia y atrevimiento.
Zapatito real (que en film juega con zapatillas del siglo XXI)
Llegado este punto de revuelo de encajes y moños, corsés y pelucas que se despliega el film con la firma de Milena Canonero, se impone un petit homenaje a la emprendedora francesa Rose Bertin, la modista que hiciera realidad las fantasías de MA. Habiendo arrancado como simple costurera, Rose pasó a poner una tiendita de ropa en París; y de allí a infiltrarse en la corte y encandilar a la reina, no hubo más que un paso. Así fue que María a Antonieta devino superstar de la moda en la corte y más allá, hasta que cayó en desgracia irreversible con poco más de 30 años. Pero Rose le fue fiel hasta donde pudo, le alcanzó vestuario a la cárcel, incluido el traje que llevaría cuando subió al cadalso. Ni corta ni perezosa, la diseñadora partió entonces a Londres, logró mantenerse con sus habilidades y cuando volvió al París posrevolución, se dio el lujo de contribuir a la moda de las merveilleuses durante el Directorio, con trajes rebuscados de precursoras transparencias. Una auténtica adelantada –Rose Bertin– de los grandes couturiers que recrearon la moda del siglo XX.
Sofía Coppola en la actualidad
En este terreno de la frivolité felizmente ligada al patrimonio cultural francés, justo es mencionar el tema del perfume, cultivado por la monarca consorte que contó con el inestimable aporte del nariz Jean-Louis Fargeon, especializado en Montepellier, centro aromático absoluto. Ingresado en Versalles a través de Madame Dubarry, favorita de Luis XVI, Fargeon se arrimó a la reina y, con su talento nasal y su exquisito gusto, le preparó mezclas que la extasiaron, al extremo de que le inventó perfumes para distintos estados de ánimo. Y su ascendiente, vía la cinta de Sofía C, renació en 2006, cuando se lanzó en Paría una fragancia -carísima- que pretendía recrear aquellos efluvios que ponían en trance a esa reina que, al mismo tiempo, mostró propensión a la vida natural en su refugio llamado Petit Trianon, también hacia la música y al teatro. Y desde ya, apreciando la pintura, en especial la obra de la notable artista Elisabeth Vigée Lebrun, que la retrató, sola o con sus hijos, en numerosas oportunidades, privilegiando la famosa luz de su tez que, en 2006, reflejaría bellamente Kirsten Dunst.
Rodaje del film María Antonieta, Kirsten Dunst entre dulces pâtisseries rosadas
Antonieta resarcida por Antonia y por Sofia
Desde mediados del XIX, a partir de Historia de María Antonieta, de los hermanos Goncourt, pilas de libros con variados enfoques, diferentes calidad literaria y rigor histórico, se dedicaron proponer biografías de la reina. Entre las mejores, la de Stefan Zweig, de 1932 que, a su vez, inspirase el film estadounidense WS Van Dyke, María Antonieta (1938), con una buena actuación de Norma Shearer (que se anticipa a la película francesa, de 1956, protagonizada por Michèle Morgan y conducida por Jean Delannoy).
María Antonieta y la rosa, por Elisabeth Vigée LeBrun
Con vistas a su tercer largo, Sofia venía revisando la bío de Evelyn Lever, un tanto esquemática y distanciada, hasta que en 2001 irrumpió en librerías el magnífico, humanizado y muy exhaustivo trabajo de Antonia Fraser, María Antonieta. La última reina (en castellano, editado y reeditado por Edhasa), ilustrado por pinturas, grabados y dibujos de la época. Y la zarpada directora la tuvo clarísima: esa iba a ser “su” María Antonieta, que sería filmada, en parte, en el mismísimo palacio de Versalles.
Sécretaire joyero
Y si bien en aquel Festival de Cannes de 2006 no faltó quien se molestara por la elección de Kirsten Dunst para el rol de MA (“trop mode, trop chic, trop américaine, trop médiatique…”), lo cierto es que, de movida, desde el New York Times a los relamidos Cahiers du Cinéma, la crítica más severa le dio el visto bueno, buenísimo a esta María Antonieta que atrajo a mucho público. Al mismo tiempo, Fraser devenía best-seller, la repostería francesa se ponía de moda y los diseñadores de firmas como Chanel, Galliano, Balenciaga tornaban a sedas, volados, bordados versallescos. Y hasta los zapatos resultaron concernidos por los recreados por Manolo Blahnik, y las zapatillas Converse -coladas en el guardarropa de la monarca- subieron de status. Incluso hubo un crítico francés que, calificando elogiosamente a Coppola de iconoclasta e insolente, lamentó que no haber tenido una profesora de historia con esas características…
Derroche de alhajas en la muestra del Museo Victoria & Albert, de Londres
Por si hiciera falta algún detalle más para remarcar la osadía de esta cinta que va cambiando de plataforma –ahora en Appel TV–, imposible no destacar el eclecticismo de las músicas elegidas: The Strokes, New Order, The Cure, Siuoxie and the Banshees, entre otras bandas. Pero también, en un plano superbarroco: Couperin, Vivaldi, Scarlatti y –nada menos que interpretado por Les Arts Florissants– el minué de Les Indes Galantes, de Rameau. Ah, para hacerte agua la boca, las coloridas delicias de pâtisserie que rodean en algunas secuencias a la golosa reina –macarons, petit fours, éclairs, tartes…-–son de la Maison Ladurée.
MS/MG



