Manuel Adorni tenía que explicar lo inexplicable: cómo pasó en dos años de “no tener un mango” –como lo describió Baby Etchecopar, con quien trabajó– a los viajes de lujo, la compra de inmuebles, las remodelaciones, los trajes caros y los gastos siderales con tarjeta de crédito. Al presentar su esperada declaración jurada de 2025 ante la Oficina Anticorrupción (OA) y sumar tres rectificaciones de los años anteriores salió por la tangente. Incluyó un elemento que será difícil de rastrear y que quizás utilice para dilatar la investigación judicial sobre su presunto enriquecimiento ilícito: supuestas inversiones en criptomonedas. Lo había anunciado el miércoles a la noche en televisión, cuando reconoció que había omitido declarar ahorros por 500.000 dólares que, según su relato, se habían originado en una inversión en bitcoins en allá por el año 2014, que comenzó con 200.000 dólares que dice que se multiplicaron como los peces. Es curioso porque con el correr de las horas fueron apareciendo viejos videos de charlas suyas donde en 2021 y 2022 decía que no entendía nada de bitcoin y que no sabía si tomar las criptomonedas como inversión. Lo que se viene ahora es un largo recorrido en tribunales para rastrear el origen real de esos fondos; pero lo que queda claro es que su patrimonio creció más de $918 millones en dos años y que el dibujo decepcionó a propios y extraños. De hecho, nadie en el gobierno salió a defenderlo.



