Milei sin margen

No tiene un electorado por conquistar: tiene uno por retener. El voto alto ya está adentro, el núcleo que aceptó el ajuste se erosiona, los jóvenes se van y crece un bloque que no está disponible para nadie.

En las generales del 2023 Milei recibió apoyo de forma transversal al nivel socioeconómico. En este voto policlasista convergieron votos de los sectores más ricos y también de los más pobres. Mientras que los competidores mantuvieron su tendencia: al peronismo le fue mejor en los segmentos más pobres y a Juntos por el Cambio en los más acomodados.

Esta transversalidad se combinó con un núcleo social de respaldo que depositó su confianza en que la “autenticidad” de Milei lograría un cambio en la situación económica – fundamentalmente, bajar la inflación -. Núcleo dispuesto a tolerar y aguantar las consecuencias personales de un gran ajuste para que la mejora económica sea posible y duradera.

Sin embargo, en 2025 la clase social volvió a definir las preferencias electorales. En las legislativas nacionales, el voto a LLA se asemejó más al voto del PRO en 2019 o en 2021 que al propio en 2023. Es decir, le fue mejor en los distritos de mayor nivel socioeconómico y peor en los distritos más pobres. Incluso le arrebató votos en su bastión (CABA), primero en las legislativas locales y luego en las nacionales.

Y para el 2027, ¿con qué electorado cuenta Milei? Para evitar una segunda vuelta, debería conservar como mínimo el 40% que alcanzó en 2025 y para ello depende 1. del caudal de votos absolutos y 2. de la participación electoral (denominador para repartir los votos).

Lo primero demanda, por un lado, retener el voto alto y por el otro, mantener la credibilidad de que el sacrificio aún sigue siendo necesario para la mejora futura, es decir, que los votos del núcleo social que invirtió en Milei y aceptó ese sacrificio sigan disponibles.

Los primeros parecen estar. Según la Universidad de San Andrés entre quienes más aprueban la gestión libertaria se encuentran los varones, las personas de clase social alta y mayores de 46 años. Y los votantes de Milei y de Bullrich convergen en aprobación, satisfacción y optimismo hacia el futuro.

Pero el voto de los segundos no era incondicional: demandan mejoras efectivas, resultados en su propia economía. Y el ánimo social muestra lo opuesto: predominan la tristeza y la bronca. Las últimas encuestas muestran que casi la mitad de la población no llega a fin de mes, un tercio cree que la situación no va a mejorar y casi un cuarto dice que ya no puede esperar a que la situación mejore. Pero el condicionante sigue vigente: buena parte de los que quieren cambiar el modelo económico también quiere mantener la inflación baja.

Del lado de la participación, la alerta está en una parte de su base: los jóvenes. Los menores de 30 años son el 26% del padrón electoral pero en las últimas elecciones fueron los que menos participaron. Y vienen manifestando su agotamiento y desencanto.

Por ejemplo, según el Índice de Confianza en el Gobierno que elabora la Universidad Torcuato Di Tella – conocido por funcionar como buen predictor electoral – desde el comienzo de la gestión libertaria, los jóvenes se ubicaron por encima del promedio pero en julio en este segmento se dio una de las mayores caídas (-23%) y la recuperación de agosto no llegó a compensarla. Según una encuesta del CIAS a jóvenes de barrios populares, la intención de voto a LLA es mayor entre los hogares que no debieron hacer un ajuste económico, pero aún así, 4 de cada 10 votantes de Milei en 2023 no lo volvería a votar, y 2 de esos 10, no saben a quién votar ni si irán a votar.

Este agotamiento se inscribe en algo más amplio: los que dejan de sentirse representados por las etiquetas disponibles ya son casi la mitad de los argentinos y crece el desinterés en política. Los “ningunistas” atraviesan edades, géneros y niveles educativos. Menores niveles de adhesión y pertenencia derivan más o menos rápido en menor participación.

El inventario deja poco margen. El voto alto está, se sumó en 2025. El núcleo se erosiona a medida que el sacrificio no rinde, los jóvenes se van y los ningunistas no están disponibles para nadie. Milei no tiene un electorado por conquistar, tiene uno por retener. Y esperar a que los que dejaron de creerle no encuentren dónde ir.