Motores gastados para transitar los 18 meses felices que prometió Caputo (restan 16)

Los ganadores del modelo eligen creer, pese a un presente sombrío. Razones detrás de un optimismo exacerbado. El foco en la carta orgánica del Central y el negocio de la tierra mientras la deuda anega a millones de familias. La economía no arranca. ¿Y la política?

Luis Caputo enarbola hoy la máxima convicción de que transcurrirá un año final del gobierno de Javier Milei sin sobresaltos, con sólido crecimiento, y que la reelección del Presidente será poco más que un trámite.

Lo expresa con la predicción de que “puede haber una guerra mundial o una invasión extraterrestre, pero (Axel) Kicillof no va a ser presidente nunca en su vida”. El ministro de Economía porta la teoría de que “esta vez es diferente, porque la gente se dio cuenta de lo que hace el populismo”.

Esa confianza en una coronación inexorable del país que Javier Milei, Federico Sturzenegger y el propio Caputo tienen en mente es, en alguna menor medida, compartida por un ámbito que al gobierno le resulta familiar. Ejecutivos de empresas ganadoras del régimen económico (energía, agro, minería, bancos), en especial, sus directores financieros (CFO), tienden a creer que la receta económica vigente va para largo. La sensación trasciende fronteras. Aunque marquen matices y algún alerta, los bancos internacionales y las agencias calificadoras exhiben en sus ponderaciones que “baja el riesgo político” —sin extinguirse—, y eso se traduce en el precio de los bonos y las refinanciaciones. Traducido: ven pocas chances de una victoria electoral del peronismo realmente opositor en 2027.

Caputo se vuelca cada vez más a la retórica grosera de Milei, pero no llega a sus extremos. El ministro se toma en solfa a “los kukas”, “los kukitas”, “los comunistas” y “los tarados”, sin incurrir en fraseologías del tipo “vamos a hacer mierda a los zurdos” y “vamos a exterminar al kirchnerismo para siempre” que recitaba el mandatario a mediados de 2025. Cuarenta días después de esas predicciones, la lista de La Libertad Avanza perdía por quince puntos frente a las del peronismo en las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires.

La “mirada positiva” excede al elenco gubernamental y al mundo financiero. No pocos “líderes de opinión” (empresarios, analistas políticos; docentes, sobre todo de universidades privadas; periodistas; influencers) comparten la percepción sobre la fortaleza del proyecto Milei, a pesar de números de encuestas que marcan un sostenido declive en todos los indicadores sensibles que interesan al oficialismo. La observación alcanza a algunos dirigentes e intelectuales peronistas, progresistas y de izquierda. En ese prisma (pesimista en el último caso), pesa tanto o más el cuestionamiento a la falta de liderazgo y proyecto en el campo opositor, que la descripción de fortalezas de la ultraderecha.

La proyección de una Argentina moldeada por los Hermanos Milei por largo plazo tiene en qué apoyarse. La ola ultraderechista lleva ya varios años y se muestra resiliente en economías diversas, como Estados Unidos, Brasil y España. El mapa de Sudamérica es demostrativo al respecto. Además, la mala memoria sobre las últimas experiencias peronistas es reciente, y gran parte de la dirigencia opositora luce ensimismada, sin capacidad de destrabar la puja por el liderazgo. A esa trabazón se dedica una política tan talentosa como Cristina.

Javier Milei con Aberlardo de la Espriella, en Cali

Javier Milei con Aberlardo de la Espriella, en Cali

El antecedente de 2025 insufla optimismo al mileísmo. La ultraderecha llegó a las elecciones de octubre de 2025 tras un estruendoso fracaso en los comicios bonaerenses, en los que se impusieron las listas con el sello de Kicillof. El rostro de un José Luis Espert sospechado de ser financiado por un narco encabezó la boleta de La Libertad Avanza, mientras un Milei sacado psicológica y políticamente lidiaba con “el Profe” y las coimas del 3% de ANDIS atribuidas a Karina. La economía se acercaba a un precipicio y todas las promesas de calma financiera parecían evaporarse. Con ese mar de fondo, Donald Trump posó su mirada en su aliado, prometió un blindaje político y económico, amenazó con represalias, y ello bastó para agrupar todos los miedos y brindar un triunfo nítido del oficialismo. Fue una situación excepcionalísima, quizás irrepetible, pero que llenó de ilusión al pronóstico de Caputo de que “esta vez es diferente”.

Frío

Tomados en frío, los números de las encuestas deberían preocupar a los entusiastas del mileísmo. La aprobación del Presidente pareció estacionarse en un rango de 33% a 40%, un porcentaje no invalidante para dar pelea por la reelección. Kicillof, Cristina y Myriam Bregman alcanzan una popularidad parecida a la del Presidente y Patricia Bullrich, enemiga íntima en un hipotético futuro. Para preocupación del Soez, una constante es que la peor valoración registrable (“pésimo”, “mala”, “muy mala”) sobre él conforma un núcleo muy alto, cercano al 50% de las respuestas. El gobierno tiene que generar mucho miedo o desincentivo en lo que hay enfrente para que Milei recupere una cómoda mayoría.

El dato más significativo que parecen confirmar los sondeos desde hace meses es una evaluación muy negativa y desesperanzada sobre la economía del país y la del propio hogar. Atlas Intel, una consultora brasileña que ganó fama en los últimos años por aciertos en predicciones electorales en América Latina, registró en su informe de julio que sólo 17% de los consultados estima que la situación de su familia es buena y 20% dice que va a mejorar en el próximo semestre. La desesperanza se impone por demolición. El mismo sondeo muestra que la pérdida de apoyo al gobierno radica en segmentos en los que se basó su victoria en 2023: jóvenes de 16 a 24 y zonas geográficas como Cuyo y Centro, donde las diferencias abismales en favor del ultra se revirtieron.

Para preocupación del Soez, una constante es que la peor valoración registrable ('pésimo', 'mala', 'muy mala') sobre él conforma un núcleo muy alto, cercano al 50% de las respuestas

Ello tiene un correlato con la pérdida del poder adquisitivo del salario, aumento del desempleo y un desplome en la vida de los barrios. Más allá de lo que diga una estadística del INDEC, cualquier persona que salga a dar una vuelta lo comprobará en carne propia.

Semejante escenario también habilita evaluaciones muy negativas sobre las perspectivas electorales del oficialismo. El consultor en discurso y estrategia Juan Courel, de la firma Alaska, con experiencia en el país y en América Latina, asevera hace meses que lo más esperable es una victoria de la oposición el año próximo. Con economías de los hogares tan resquebrajadas, un peronismo unido se impondría por un margen considerable. A la hora de contar los votos, el bolsillo y la frustración sobre Milei serán mucho más relevantes —en la mirada de Courel— que el desorden, la falta de propuesta programática, la famosa “autocrítica” ausente y la disputa por el liderazgo, que hoy parece irresoluble. Esos elementos se podrían acomodar en la medida en que se acerque la fecha electoral, con dos salvedades: que haya una estrategia conjunta de las fracciones en pugna y que no se presente un postulante “blando”, que ofrezca imitar las políticas de Milei, pero con buenos modales, para “calmar a los mercados”.

Encuesta de AtlasIntel/Bloomberg. Online, RDR, 1.120 casos, entre el 30 de julio y el 3 de agosto

Encuesta de AtlasIntel/Bloomberg. Online, RDR, 1.120 casos, entre el 30 de julio y el 3 de agosto

Probablemente hasta el más optimista del Ejecutivo, Caputo, admita que la realidad y su percepción deben cambiar sustancialmente a esta altura del año que viene para que el “paseo” electoral de La Libertad Avanza se concrete. Al ministro no lo ayuda una predicción reciente. En marzo, comenzó a decir que se avecinaba un inédito período de crecimiento. En abril, pronosticó la inminencia de “los mejores 18 meses en muchas décadas”. Un mes más tarde, aclaró que había que comenzar a contar a partir de junio. Nada de eso ocurrió, sino más bien lo contrario. De los 18 meses de fiesta, quedan 16 y todavía no sirvieron ni las papas fritas.

Picture2atas

Picture2atas

La fallida promesa sobre el crecimiento supersónico combina con la formulada por el propio ministro y Milei en cuanto a la inflación. Un paper de un doctorando que el Presidente dijo haber leído lo llevó a vaticinar que la inflación comenzaría con cero en agosto. Fue la enésima postergación de la meta. Más bien, si empieza con dos, podría respirar aliviado.

Corresponde evaluar cuáles son los motores político y económico de los que se puede valer el gobierno para llegar triunfante en los términos que dice Caputo.

El Presidente y el ministro se ocupan de aclarar que cuentan con una única receta económica, innegociable. Voluntariosos afinan el lápiz y computan renglón por renglón si Caputo “abrió la billetera” y acepta desenchufar un poco la motosierra, con algún subsidio por acá o algún aliciente presupuestario por allá, o deja correr el dólar a costa de un poco más de inflación.

Suelen ser observaciones sobre aspectos marginales, que se desdicen al mes siguiente. La recaudación, resentida tras años malos, exhibe bajas que se aceleran, mientras el Ejecutivo profundiza los beneficios impositivos y cambiarios para Vaca Muerta, minería y agro. Al resto de los sectores, que emplean a la mayor parte de la población de las grandes ciudades —industria, comercio, construcción y sector público—, más recortes. En el altar de “la meta fiscal”, se mantiene la resistencia a reponer el presupuesto universitario, pese a una orden judicial. Cierra todo, hasta un coro de niños, excepto los cursos de inglés de la esposa de Sturzenegger, los fondos de la SIDE que administra Santiago Caputo, la canaleta que conduce a medios como Carajo y La Derecha Diario, los sueldos superlativos de los jueces que planchan causas y los viajes impúdicos de Milei a Miami, Madrid o Tel Aviv.

Cierra todo, hasta un coro de niños, excepto los cursos de inglés de la esposa de Sturzenegger, los fondos de la SIDE, la canaleta que conduce a medios como Carajo y La Derecha Diario y los viajes impúdicos de Milei a Miami, Madrid o Tel Aviv.

¿Dónde está el foco económico del Ejecutivo? ¿En los 5,8 millones de endeudados que padecen tasas usurarias, con retrasos en el pago superior a los 90 días, sobre un universo de 20 millones de tomadores de crédito?

Con el objetivo de “sellar” el rumbo, el gobierno impulsó dos leyes centrales en el último mes. La reforma de la carta orgánica del Banco Central y la ley de extranjerización de la tierra. La primera incluye un objetivo burdo: blindar el cargo del Central a partir del próximo mandato, la mentada “independencia”.

El actual presidente de la autoridad monetaria, Santiago Bausilli, era socio de Caputo en la consultora Anker antes de que ambos retornaran a la función pública en diciembre de 2023. Otros economistas de esa empresa giraron entre el directorio del Banco Central y el Palacio de Hacienda a vuelo de decreto. Varios de ellos, indistintamente, suelen realizar anuncios conjuntos y dan la “batalla cultural”, mientras posan en reuniones con Milei, pulgares arriba, y sacan créditos subsidiados del Banco Nación. El intento de “dotar de independencia” y delimitar objetivos del Banco Central —tan “eterno” hasta que se conforme otra mayoría parlamentaria que lo revierta— es fiel reflejo del “institucionalismo” de la derecha argentina: vale para los otros.

Los trabajadores informales y los sectores pobres, sin novedades de la fiesta prometida

Los trabajadores informales y los sectores pobres, sin novedades de la fiesta prometida

En cuanto al proyecto de ley de extranjerización de la tierra, sirvió para que la fundada sospecha de un negocio turbio, diseñado ad hoc para algún megamillonario, despertara en su contra una alianza social variada e inesperada. Los senadores “del medio” se vieron forzados a sumarse al bloque opositor y sentar un precedente sobre cuán firme es la mayoría oficialista hasta llegar a las elecciones. Derrota política sin atenuantes.

Tras el trimestre dilapidado en salvar a Manuel Adorni, llegó una “nueva estrategia de comunicación”. El vocero Adrián Ravier se transformó de inmediato en costo hundido. En Casa Rosada evaluaron que era hora de tomar la iniciativa, aflojar un poco con X y las batallas a cargo de Lilia Lemoine y los racistas de Carajo, para que la voz de Milei potenciara su centralidad.

Para ello, se pactaron entrevistas con Luis Majul, Esteban Trebucq, Gabriel Anello y Eduardo Feinmann, periodistas de los multimedios La Nación y Clarín. Jonathan Viale no volvió a entrevistar al mandatario desde aquel histórico episodio que todo el mundo recuerda.

El problema fue que Milei no tenía nada nuevo para decir. Un cúmulo de cifras inventadas o incomprobables, agresiones, insultos y disparates históricos, que —muy significativamente— generan cada vez menos rating televisivo y conversación en las redes.

Si el “motor económico” parece circunscripto a dos ejes, superávit fiscal y peso apreciado, el “motor político” está atado a un único protagonismo, el de Milei, que alguna vez generó entusiasmo o repulsa, y hace tiempo pasó a entonar un repertorio gastado. Los otros dos vértices del extinto “triángulo de hierro”, Karina y Santiago, no suman voz propia. La hermana, porque carece del don de hilar frases en público, y el segundo, porque su fuerte es hablar por otros medios.

Al oficialismo le quedan las figuras con volumen propio que pertenecieron al PRO, como Diego Santilli y Patricia Bullrich. Rigen allí también algunos limitantes. La senadora lidiará de ahora en más con la sospecha fundada de que, si ve una hendija, se tentará por ser ella quien represente al oficialismo el año próximo. Karina lo sabe mejor que nadie y se dedicará a tratar de mantener esa puerta cerrada. El jefe de gabinete, con menos peso real que Bullrich, vale más por su partido que por sí mismo. Qué hará Mauricio Macri con el PRO es por ahora una pregunta abierta.