Murió Patricia Walsh, histórica dirigente de izquierda e impulsora de la anulación de las leyes de impunidad

La exdiputada nacional tenía 74 años y dedicó buena parte de su vida a la defensa de los derechos humanos. Hija del periodista y escritor Rodolfo Walsh, fue también legisladora porteña y candidata presidencial en dos oportunidades.

La dirigente política y referente de los derechos humanos Patricia Walsh murió este jueves a los 74 años. Exdiputada nacional, periodista y militante de izquierda, tuvo un papel fundamental en la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que habían impedido durante años el juzgamiento de los responsables de los crímenes de la última dictadura militar. Su fallecimiento se produjo después de atravesar problemas de salud que habían requerido su internación.

Hija del escritor y periodista Rodolfo Walsh, asesinado y desaparecido por la dictadura el 25 de marzo de 1977, Patricia desarrolló una extensa trayectoria política, atravesada por la lucha contra la impunidad y la defensa de las causas sociales. También era hermana de María Victoria Walsh, militante montonera que murió en septiembre de 1976 durante un operativo militar en la denominada Masacre de la Calle Corro.

Nacida en Buenos Aires en 1952, comenzó a trabajar como periodista a los 17 años en la revista Gente y posteriormente pasó por el diario Noticias. Estudió Psicología Social en la Universidad Nacional de La Plata, donde inició su militancia política, y en 1972 se incorporó a la izquierda peronista.

Durante la década de 1970 trabajó en el área de prensa del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), donde también fue delegada gremial. Después del golpe de Estado de 1976 fue despedida y recién pudo reincorporarse con el regreso de la democracia. En 1984 denunció ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) el secuestro y la desaparición de su padre. Años más tarde se integró a la agrupación HIJOS y participó activamente en las causas judiciales por los crímenes cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).

Su llegada al Congreso Nacional se produjo en 2001, cuando fue elegida diputada por la Ciudad de Buenos Aires en representación de Izquierda Unida. Desde su banca impulsó una de las iniciativas legislativas más importantes para la recuperación de la memoria y la justicia: el proyecto que declaró la nulidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, sancionadas durante el gobierno de Raúl Alfonsín.

La propuesta, que Walsh había elaborado y defendido durante años, consiguió avanzar en agosto de 2003, durante la presidencia de Néstor Kirchner. Finalmente, el Congreso aprobó la Ley 25.779, que declaró insanablemente nulas aquellas normas y permitió avanzar hacia la reapertura de los juicios por delitos de lesa humanidad. Su intervención fue reconocida años después por el propio Estado nacional, que destacó su papel como autora del proyecto original.

Walsh fue candidata a presidenta de la Nación por Izquierda Unida en 1999 y 2003. También se postuló a la Jefatura de Gobierno porteña y, en 2007, obtuvo una banca en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, que ocupó hasta 2010. A lo largo de su carrera mantuvo una posición crítica frente a los distintos gobiernos y participó en espacios políticos como Proyecto Sur, vinculado a Fernando “Pino” Solanas, y Camino Popular, encabezado por Claudio Lozano.

La búsqueda de justicia por los crímenes de la dictadura siguió ocupando un lugar central en su vida. Fue querellante en la causa ESMA y en el juicio por la Masacre de la Calle Corro, en el que se investigan las circunstancias de la muerte de su hermana María Victoria y otros militantes.

En 2025, junto con Myriam Bregman, reclamó judicialmente la preservación de documentación de la Armada ante la posibilidad de que se destruyeran archivos durante una mudanza dispuesta por el Gobierno nacional. Consideraba que esos materiales podían resultar fundamentales para las investigaciones sobre el terrorismo de Estado.

La noticia de su muerte provocó numerosas expresiones de pesar entre dirigentes políticos, sindicales y organismos de derechos humanos. Bregman la recordó como una de sus grandes maestras y escribió: “Porque a luchar, como tantas otras cosas, se aprende, y ella me enseñó”. También la despidieron el dirigente ferroviario Rubén “Pollo” Sobrero y representantes de distintas organizaciones de izquierda.

Patricia Walsh deja una trayectoria que excede su pertenencia partidaria. Su nombre quedó ligado a uno de los momentos decisivos de la recuperación democrática argentina: el derrumbe de las leyes que habían garantizado la impunidad de los responsables del terrorismo de Estado. Una lucha que también estuvo marcada por su propia historia familiar y que sostuvo hasta sus últimos años.

CRM