La Selección Argentina no pudo coronar su anhelo de consagrarse bicampeona del mundo. Después de más de dos horas de brava resistencia, España terminó alzando la Copa en Nueva Jersey. Pero nadie podrá levantar la voz ni señalar a nadie con el dedo levantado. No hay nada que objetar y sí, mucho para agradecer. De ocho partidos, se ganaron siete y solo no se dio el último resultado, el decisivo, el que le hubiera aportado un cierre inmejorable a un ciclo que ya está en la Historia, así con mayúsculas. La final no se jugó, solo se aguantó; se hizo lo que se pudo.