Un día llegaron los marcianos y dominaron el mundo en cuestión de días. Usaron la ley del más fuerte, que les pareció una forma estupenda de arreglar las cosas. No obstante, hubo objeciones y uno de los gobernantes terrestres más llamativos, grandote, naranja y con el pelo rubio, acompañado de otro de melena huracanada, alegó que debía respetarse los derechos humanos. Los marcianos se quedaron perplejos. Sabían que en la Tierra se podía matar a un montón de gente sin mayor problema o incluso hacer desaparecer en una noche toda una civilización. Quién se había erigido en portavoz de la humanidad preciso además, que ellos merecían cierta prioridad: “América primero”, expresó. El de pelo huracanado asentó con la cabeza, y soltó: “Así es mí presidente, carajo”.