“Lo que necesitamos es que, por favor, nos aumenten un poquito el sueldo”, ruega este martes Ana, una enfermera en la puerta del hospital de Niños “Víctor J. Vilela”. Es mediodía y junto a un grupo de compañeros realizan una protesta autoconvocada por mejores salarios; hacen sonar la sirena de un parlante y piden -y reciben generosamente- bocinazos de los automóviles que pasan por el lugar. Algunos de los trabajadores no llegan al millón de pesos mensuales, otros lo arañan. No es la primera vez que hacen público ese malestar, porque se trata de la decimosexta protesta semanal en el centro de salud que llevan adelante desde marzo.


