Tarde o temprano iba a pasar. Si algo caracteriza a la ultraderecha en el mundo es su carácter xenófobo, su odio hacia los inmigrantes, su discurso chauvinista. No es que los libertarios argentinos sean distintos, pero su mensaje estereotipado apunta a los “zurdos y kukas” sin distinción de nacionalidad. Era cuestión de tiempo para que Milei -un imitador de gestos y decisiones rancias- saliera a fagocitar el odio hacia los extranjeros. Ahora sí: aprobó la última materia para convertirse en un adalid de los nuevos fascismos. Y si la expresión “nuevos fascismos” resulta poco apropiada para catadores de gobiernos autoritarios, podemos entonces cambiarlo por gobierno de miserables.



