Plantas nativas y corredores biológicos: las claves para el regreso de animales e insectos benéficos para el campo de Argentina

Al plantar nativas en estas franjas diseñadas llegaron una buena cantidad de fauna benéfica, que va desde insectos a mamíferos insectívoros. Los insectos son el grupo más favorecido, pero también las aves, ya que ahí pueden encontrar zonas de refugio y de nidificación.

Un corredor biológico es un espacio que conecta áreas naturales separadas por la actividad humana. Su función principal es permitir el libre desplazamiento de animales, insectos y plantas para buscar alimento, refugiarse, reproducirse e intercambiar genes, lo que evita la extinción de las especies.

Ese modelo se aplica desde 2017 en el sur de la provincia de Buenos Aires, Argentina, a través de la reintroducción de flora nativa. Los resultados: un incremento de insectos controladores de plagas, aves y mamíferos insectívoros, a pesar de enfrentar condiciones climáticas extremas, como la sequía.

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Las conclusiones surgen de una investigación conducida por la bióloga Paula Taraborelli, investigadora del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y miembro independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). El trabajo fue ejecutado por el equipo de Agroecología de la Chacra Experimental Integrada Barrow, una institución de investigación agropecuaria en Argentina que depende de una gestión conjunta entre el Ministerio de Desarrollo Agrario de la provincia de Buenos Aires y el INTA.

El equipo de investigación plantando especies en uno de los corredores biológicos. Foto: cortesía Paula Taraborelli

El equipo de investigación plantando especies en uno de los corredores biológicos. Foto: cortesía Paula Taraborelli

Según explicó Taraborelli a Mongabay Latam, el estudio se llevó a cabo en tres corredores. El primero es un corredor lineal con vegetación natural y los otros dos son de parches o islas dispuestas en zigzag, uno con herbáceas y arbustos nativos y otro con arbustos y herbáceas nativas, ubicados en el contorno de un predio de nueve hectáreas con avena y trigo de manejo agroecológico.

La experta detalló que el equipo del INTA y el Vivero Nativos de Claromecó fueron quienes plantaron los corredores para realizar el estudio, cuyo objetivo central fue atraer biodiversidad a estos sitios utilizando la agricultura convencional -cuando se cultiva una sola especie no nativa-, y también implementando la agroecología, que es una combinación de al menos tres especies.

“El hecho de poner plantas nativas es atraer toda una red de insectos, aves y mamíferos más que todo nativos. Y cuando la red está funcionando, algunas especies funcionan como controladores biológicos de otras especies. De esta manera el sistema está equilibrado y puede responder por sí solo sin necesidad de poner plaguicidas o insecticidas”, afirmó Taraborelli.

El corredor natural más cercano al sitio de estudio se encuentra a un kilómetro de los corredores diseñados por las investigadoras: es el río Segundo Brazo de Tres Arroyos. A dos kilómetros se encuentra el río Primer Brazo de Tres Arroyos, ambos en el sur de la provincia de Buenos Aires.

Taraborelli destacó que el monitoreo de la flora nativa durante los ciclos 2021 y 2022 reflejó diferentes respuestas entre los distintos estratos vegetales, condicionados por un verano extremadamente seco y caluroso. El estrato arbóreo, que tuvo un 83 % de supervivencia, fue el grupo más exitoso: acá las especies que mejor se establecieron y toleraron el estrés hídrico fueron el espinillo, la cina-cina y el caldén.

En el grupo de estrato arbustivo hubo un 43 % de supervivencia. En este caso se registró un “éxito moderado”, destacándose notablemente la consolidación de la barba de chivo o flor de indio. Por el contrario, el sen de campo o rama negra figuró entre las especies que no lograron implantarse. En el caso del estrato herbáceo hubo un 32 % de supervivencia: fue el estrato más afectado por la falta de humedad continua.

Planta y un insecto que lograron refugio en uno de los corredores biológicos. Foto: cortesía Paula Taraborelli

Planta y un insecto que lograron refugio en uno de los corredores biológicos. Foto: cortesía Paula Taraborelli

La principal diferencia entre los estratos arbóreo, arbustivo y herbáceo radica en su tipo de tallo, su forma de ramificación y su altura dentro de la vegetación.

“La importancia de estos espacios radica en esa capacidad de conectar. Se entiende que los hábitats fragmentados, pero interconectados por corredores, tienen mayor valor de conservación que los meros fragmentos aislados”, resaltó Taraborelli, quien añadió que los sitios prioritarios para la conservación son aquellas áreas que reúnen valores ecológicos, biológicos y socioculturales considerados de gran o crítica importancia a escala local, regional o global.

“La conservación implica, así, no solo preservar fragmentos de bosque, sino también las relaciones ecológicas que permiten la existencia y el desplazamiento de las especies. La clave es proteger nuestro bosque nativo, contraponiendose al avance del desmonte”, dijo la experta.

Especies que llegan al corredor

Según Taraborelli, a estos tipos de estratos llegaron especies de insectos, avifauna y mamíferos insectívoros que se adaptaron de manera exitosa a los corredores biológicos instalados.

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“La entomofauna benéfica [conjunto de insectos que habitan en una región, ecosistema o biotopo determinado] que se registró fue la presencia de insectos clave para el control natural de plagas agrícolas, destacándose el registro de depredadores como mantis (Mantispidae) y sus ootecas [depósitos de huevos]. También se halló el establecimiento de colonias de coccinélidos (controladores de pulgones) y de dos especies de arácnidos predadores: la araña plateada de jardín (Argiope argentata) y la araña de jardín bandeada (Argiope trifasciata)”, destacó Taraborelli.

Una araña en uno de los corredores biológicos. Foto: cortesía Paula Taraborelli

Una araña en uno de los corredores biológicos. Foto: cortesía Paula Taraborelli

En el caso de la avifauna, la experta detalló que los corredores funcionaron como sitios de refugio y de alimentación para las aves. Entre ellas se observaron aves insectívoras y carnívoras que regulan las poblaciones de roedores e insectos en los cultivos. En el estudio se identificaron ejemplares de halconcito colorado (Falco sparverius), lechucita vizcachera (Athene cunicularia), churrinche juvenil (Pyrocephalus rubinus) e inambú chico (Nothura maculosa).

Además, Taraborelli dijo que en los corredores biológicos se encontraron mamíferos omnívoros, como la laucha de campo (Calomys laucha) y el colicorto pampeano (Monodelphis dimidiata), una comadreja. “Y algo llamativo fue que los roedores insectívoros fueron capturados en los biocorredores, mientras que los roedores herbívoros, en los predios agrícolas”, remarcó la bióloga.

Micaela Malaspina es ingeniera agrónoma, investigadora y extensionista con filiación a Chacra Experimental Integrada Barrow. La experta, que también fue parte de la investigación, explicó a Mongabay Latam que el fondo del estudio fue disponer sitios para conservación y realización de corredores, pero ubicados de forma estratégica para no destinar grandes superficies de campo.

“Lo que obtuvimos fue una mayor diversidad dentro del sistema productivo en general al incrementar estos sitios seminaturales en donde la actividad de la fauna y de los insectos se incrementó y, a su vez, la red trófica en general, como una mayor interacción entre ellos, lo que le da a un sistema un mayor equilibrio”, detalló Malaspina.

Por ejemplo, desde el punto productivo lo que se buscó fue tratar de tener más predadores o controladores biológicos de insectos que en una gran densidad resultan plagas y que pueden llegar a comprometer al cultivo.

En el caso del clima, Malaspina explicó que fue un factor determinante para que los corredores biológicos puedan subsistir. La experta dijo que, durante el verano, se instaló un sistema de riego para generar una menor mortandad de especies arbóreas. “Lo que vemos es que no se han perdido muchas plantas, pero el ciclo de crecimiento ha sido un poco más lento, no solamente por las grandes temperaturas y los calores, sino también por los vientos. Tenemos una zona muy ventosa y eso creo que es una de las cosas que más ha afectado en combinación con la temperatura”, destacó Malaspina.

El equipo científico inició la investigación en 2017 y logró resultados positivos para la biodiversidad. Foto: cortesía Paula Taraborelli

El equipo científico inició la investigación en 2017 y logró resultados positivos para la biodiversidad. Foto: cortesía Paula Taraborelli

La experta añadió que tras los resultados lo que se espera es que la sucesión ecológica vaya avanzando y que vayan apareciendo nuevas especies de plantas mientras que otras vayan desapareciendo. “También se estudia la interacción [de la vegetación] con los cultivos que hay adyacentes a los corredores para evaluar cuál es la dispersión de especies y entonces detenernos en aquellas especies que tal vez son problemáticas para la agricultura, lo que normalmente se llama malezas o malas hierbas”, dijo Malaspina.

Tras procesar los resultados, el equipo técnico determinó que los corredores biológicos cumplen la función de potenciar el control natural de “especies problema” en los agroecosistemas. Para consolidar estos datos, las próximas fases del proyecto contemplan la instalación de colmenas para evaluar la polinización y la realización de muestreos sistemáticos de fauna edáfica, artrópodos epigeos y mamíferos.

Iniciativas que ayudan a insectos y aves

Luis Fortich, biólogo y docente de la Escuela Argentina de Naturalistas (EAN) de la organización Aves Argentinas, quien no participó del estudio, dijo a Mongabay Latam que la implementación de corredores biológicos es una opción positiva debido a la expansión de la frontera agrícola en Argentina, que implica la utilización de químicos para eliminar plagas para la instalación de monocultivos.

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“Esto genera un daño muy importante a la fauna en general, entonces mantener una franja de refugio nos garantiza de alguna manera no perder la riqueza de seres vivos que teníamos presentes en esa zona” antes de los monocultivos, resaltó Fortich, quien añadió que estas iniciativas también pueden favorecer a los cultivos, ya que se incrementa el número de polinizadores y se incrementa el número de controladores de plagas.

El experto destacó que el 95 % de la fauna es invertebrada y que es la más afectada cuando se pierde un bosque natural. Fortich detalló que, dentro de ese grupo, un 80 % son insectos, los más perjudicados, por ejemplo, en los incendios. Así, el biólogo destacó que la implementación de corredores biológicos ayuda a diferentes especies, en especial a los insectos.

Como resultados de la investigación se hallaron especies de insectos que son controladores biológicos. Foto: cortesía Paula Taraborelli

Como resultados de la investigación se hallaron especies de insectos que son controladores biológicos. Foto: cortesía Paula Taraborelli

“Muchos insectos viven vinculados con la tierra, bajo troncos, dentro de los troncos, vuelan y se dispersan, aportan fuente de alimento para otros invertebrados y para vertebrados. Muchas aves son insectívoras, tienes para alimentar reptiles, tienes para alimentar batracios, hay toda una comunidad impresionante de invertebrados, además de las lombrices”, dijo Fortich.

Y en el caso de las aves, el experto resaltó que cuando se deforesta el bosque se eliminan áreas de refugio de aves y de nidificación, lo que obliga a que los pájaros instalen sus nidos en los suelos. Es por eso que Fortich insistió en que estos corredores biológicos también ayudan a diferentes especies de aves.

“Cuando se deforesta, se están sacando muchas áreas de refugio y nidificación. En las zonas como la llanura pampera tenemos muchos casos de nidificación en el suelo porque hay menos oferta de refugios”, afirmó Fortich.

El biólogo añadió que un corredor tiene que tener un tamaño apropiado para que haya una diversidad arbórea, arbustiva y herbácea y que sea a su vez el refugio para mantener una dinámica biológica de los distintos grupos, desde vertebrados a invertebrados.

El artículo original fue publicado por Iván Paredes Tamayo en Mongabay Latam. Puedes revisarlo aquí.

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