1 de junio de 1978. Desde las 13, asueto en las reparticiones públicas y en las escuelas. Comenzaba la fiesta de la dictadura, soñada como la operación de propaganda capaz de silenciar a lo que habían bautizado como la “campaña antiargentina”. Tenían que enfrentar a la militancia de la verdad, que había copado casi toda Europa. Nuestros exiliados, con el apoyo de otros latinoamericanos en su misma condición política y dirigentes de los partidos populares europeos, denunciaban las violaciones a los derechos humanos en el sur.