Pasaron cuarenta años de aquel momento irrepetible, que sigue acá nomás, jugando con nuestros sentidos. Potencia ese recuerdo la fuerza de un relato al alcance del oído. Un relato que se hizo himno de la radiofonía deportiva. Un relato que describió una obra de destreza, habilidad y portento físico. Un relato que Víctor Hugo creó para ponerle su voz al mejor gol de todos los tiempos. El de Maradona a los ingleses en el Mundial de México ’86. No el de la Mano de Dios, sí el otro, un gol que es pura belleza artística. Diego recibió la pelota del Negro Enrique en la mitad de la cancha y gambeteó súbditos de la reina hasta toparse con Shilton y hacer inútil su último esfuerzo.