Parece mentira que este River que ahora se ilusiona con salir campeón del Torneo Apertura sea el mismo que hace dos domingos estuvo a un minuto primero y a un penal después, de ser eliminado en octavos de final por San Lorenzo en pleno Monumental. Pero así se han dado las cosas. Los dos triunfos más o menos convincentes de la semana frente a Gimnasia y Rosario Central le devolvieron el alma al cuerpo y la convicción ganadora a un grupo de jugadores a los que ese mismo domingo, ochenta mil hinchas ofuscados llegaron a pedirles “que se vayan todos y no quede ni uno solo”.