Me encanta acompañar a mi papá en su recorrido como colectivero. Eso pasa cuando mi mamá tiene que trabajar hasta tarde y yo no tengo con quien quedarme. Una niñera no es posible en una familia como la mía: escucho decir a mi mamá, que trabaja de cocinera, que los sueldos son cada vez más bajos. En verdad, tuve una niñera hasta los cinco años, cuando mi mamá me dejaba en casa de Milena, que cuidaba a los hijos de los trabajadores del barrio. Ahí conocí a Abril. Me gustaba mucho jugar con ella. Pero crecí y ya no fue posible, así que ahora salgo con mi papá a dar vueltas en el colectivo.