Y entonces, entre todas las sensaciones íntimas desatadas por la partida del Indio, se cuela el sentido histórico. Hemos visto imágenes blanco y negro de las despedidas de Gardel, de Evita, de Perón. Recordamos el llanto incontenible, multitudinario, cuando se fue Néstor. Lamentamos el caos que ganó a la despedida del Diego. Y de pronto millones quieren estar en Villa Domínico, darle un último adiós sabiendo que jamás le diremos adiós, que el Indio vive en nosotros por siempre.