La capital caribeña cerró sus comercios y activó medidas de seguridad después de una escalada de violencia vinculada al asesinato de un dirigente de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada.
Las autoridades locales, bajo la dirección del alcalde De la Espriella, ordenaron la militarización del centro urbano para contener la ola de enfrentamientos que se desató tras el homicidio del líder narco. La medida incluyó el despliegue de tropas y la imposición de toques de queda en varios barrios.
El incidente provocó el cierre de tiendas, restaurantes y hoteles, mientras los residentes permanecían en sus hogares ante la incertidumbre generada por la creciente actividad del narcotráfico en la zona.



