
La investigación no logró establecer qué transportaba Laura Belén Arrieta ni quién permitió que su equipaje evitara los escáneres de Aeroparque en febrero de 2025. El expediente está a cargo del juez Pablo Yadarola, cuyo ascenso a la Cámara Federal fue aprobado días atrás con el apoyo del peronismo.
Las valijas de Laura Belén Arrieta entraron a la Argentina sin que nadie las revisara. Un año y medio después, esa anomalía encontró un desenlace difícil de imaginar cuando comenzó la investigación: como nadie las revisó entonces, la Justicia sostiene que ya no puede saber qué llevaban adentro. El juez en lo Penal Económico Pablo Yadarola está a punto de archivar la causa que investigaba el ingreso del equipaje, que había llegado a Aeroparque en un avión privado de Leonardo Scatturice, el empresario para el que trabajaba Arrieta y que desde entonces se convirtió en una figura cada vez más gravitante dentro del ecosistema de poder libertario.
El nombre de Yadarola no resulta desconocido en la política ni en Comodoro Py. Hasta ahora titular del Juzgado Nacional en lo Penal Económico N.º 2, el magistrado acaba de conseguir el acuerdo del Senado para ascender a la Sala I de la Cámara Federal porteña, uno de los tribunales más poderosos y codiciados de los tribunales federales. Su pliego había sido enviado por el gobierno de Javier Milei, pero el oficialismo necesitó para aprobarlo de una colaboración que algunos años atrás habría resultado bastante más difícil de imaginar: buena parte del peronismo levantó la mano por él.
Pablo Yadarola (a la derecha) junto a Pablo Bertuzzi durante la defensa de sus pliegos ante la Comisión de Acuerdos del Senado.
La contradicción tiene un antecedente especialmente incómodo. En 2022, Yadarola había integrado la comitiva que viajó a Lago Escondido junto con otros jueces, exfuncionarios porteños, antiguos integrantes de los servicios de inteligencia y empresarios de medios. El kirchnerismo convirtió aquella excursión en uno de sus grandes emblemas para denunciar los vínculos entre sectores de la Justicia, el macrismo, los espías y el poder económico. Yadarola incluso llegó a discutir, después de que trascendieran conversaciones de un grupo de WhatsApp de los viajeros, la posibilidad de impulsar una causa en la que los participantes aparecieran como víctimas de una supuesta maniobra de espionaje ilegal.
Aquellos antecedentes no impidieron que el candidato impulsado por Milei consiguiera un respaldo amplio en el Senado. La incomodidad quedó condensada en Martín Soria, exministro de Justicia y uno de los dirigentes que había denunciado con mayor insistencia el viaje a Lago Escondido: cuando llegó el momento de votar, optó por retirarse del recinto. De esa manera evitó acompañar el ascenso de Yadarola, pero también quedar registrado entre quienes lo rechazaron. El resto de la bancada peronista aportó los votos que necesitaba el Gobierno para convertirlo en camarista.
Las diez valijas que no habrían sido controladas, en una de las imagenes que reveló el canal TN.
El misterio del avión negro
La historia que está a punto de llegar a su fin judicial había comenzado el 25 de febrero de 2025, cuando un Bombardier Global 5000 negro, matrícula N18RU, aterrizó en el Aeroparque Jorge Newbery procedente de Miami. En el vuelo viajaba Laura Belén Arrieta, ejecutiva de una de las compañías de Scatturice y una de las caras visibles de la organización de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) en la Argentina.
La llegada llamó la atención por lo que ocurrió con su equipaje. Arrieta había declarado cinco valijas, pero dentro de la aeronave se contabilizaron diez piezas, y los bolsos no atravesaron el procedimiento habitual de escaneo aduanero. El episodio abrió una pregunta que terminaría acompañando a la causa durante toda su existencia: cómo había conseguido la pasajera semejante excepción y, sobre todo, si alguien había intervenido para permitirla.
Laura Belén Arrieta, la pasajera del avión negro de Leonardo Scatturice.
Una de las pistas llevó a una comunicación realizada desde el propio aeropuerto. La investigación intentó establecer si existió un llamado que permitió destrabar el ingreso del equipaje y quién estaba del otro lado de la línea. Los peritajes realizados sobre el teléfono detectaron tráfico de datos, pero no permitieron establecer si correspondía a una llamada a través de WhatsApp, Telegram, Signal u otra aplicación. La pesquisa tampoco consiguió identificar a un eventual interlocutor ni reconstruir de manera concluyente de dónde había partido la instrucción para evitar el control.
El Gobierno salió entonces a rechazar que hubiera existido un trato privilegiado. El entonces vocero presidencial Manuel Adorni sostuvo públicamente que Arrieta había cumplido con los controles y aseguró que había descendido del avión solamente con un carry-on y una valija, mientras que el resto del equipaje había permanecido dentro de la aeronave. La explicación oficial, amplificada por La Derecha Diario, en ese entonces todavía propiedad de Fernando Cerimedo, no alcanzó para disipar las sospechas y el caso terminó judicializado.
El avión permaneció después durante varios días en un hangar de Aeroparque antes de retomar viaje hacia Europa. Para entonces, la aeronave ya había adquirido un protagonismo inesperado: detrás del procedimiento aduanero aparecía Scatturice, un empresario hasta entonces poco conocido fuera de determinados círculos de poder, pero con relaciones cada vez más visibles dentro del nuevo oficialismo.
La investigación quedó radicada el 17 de marzo de 2025 en el juzgado de Yadarola. Durante los meses siguientes se analizaron cámaras, documentación, informes y testimonios para reconstruir el recorrido de Arrieta y de su equipaje por Aeroparque. Las imágenes incorporadas al expediente permitieron observar parte de lo ocurrido en el sector aduanero y pusieron especialmente bajo la lupa la actuación de los funcionarios que intervinieron aquella noche.
Entre esas imágenes aparecía la vicejefa de Aduana Silvana Abalsamo de Silva, quien condujo a la comitiva hacia una fila especial y realizó un gesto para que continuara su recorrido. Otro de los testimonios ubicó a la agente Cintia Cali recibiendo el teléfono de Arrieta durante el procedimiento. Ninguna de las dos declaró ante Yadarola: según fuentes vinculadas al expediente, existía la posibilidad de que quedaran alcanzadas por una eventual imputación por incumplimiento de los deberes de funcionario público. En el sumario administrativo realizado dentro de Aduana, en cambio, defendieron el procedimiento como parte de las facultades de selectividad con las que cuenta el organismo.
La argentina Arrieta tuvo tratamiento VIP en Aduana de Aeroparque.
Los fiscales pusieron en duda esa explicación. Para la acusación, había quedado acreditado que el equipaje de Arrieta no había sido revisado, mientras que los demás pasajeros que ingresaron por el mismo sector sí fueron sometidos a controles. También cuestionaron que se hubiera aplicado una suerte de discrecionalidad sin trazabilidad suficiente ni fundamentos objetivos que permitieran reconstruir por qué aquella pasajera había recibido un tratamiento diferente.
Ese punto podría sobrevivir al eventual archivo que ahora dispondrá Yadarola. Trascendió que podrían iniciarse actuaciones contra los funcionarios de Aduana que permitieron que el equipaje evitara los escáneres, de modo que el cierre de la investigación sobre el contenido de las valijas no necesariamente significaría el final judicial de todo el episodio. El foco podría desplazarse hacia quienes tenían la responsabilidad de controlarlas y las razones por las cuales decidieron no hacerlo.
Javier Milei, Laura Belén Arrieta y Soledad Cedro posan para al cámara junto a Eduardo Bolsonaro y el español Santiago Abascal, durante la edición argentina de la CPAC, en diciembre de 2024.
¿El Yabrán libertario?
Desde aquel febrero de 2025, cuando el Bombardier negro aterrizó en Aeroparque, la gravitación de Scatturice alrededor del poder no hizo más que crecer. El empresario que durante años había construido relaciones y negocios desde Miami, lejos de las cámaras argentinas, pasó a ocupar un lugar cada vez más visible en una trama que conecta negocios, política, inteligencia y relaciones internacionales. Su vínculo con el universo de Santiago Caputo, los puentes tendidos con sectores republicanos de los Estados Unidos y su papel en el desembarco de la CPAC en la Argentina terminaron de convertirlo en uno de los nombres que mejor expresan la reconfiguración de los negocios alrededor del gobierno de Milei.
En los últimos años, firmas vinculadas a Scatturice consiguieron más de 17 contratos con el Estado por un monto superior a los 90 millones de dólares, mientras el empresario extendió sus intereses hacia dos compañías de enorme peso en el transporte y la logística: OCA y Flybondi. Scatturice es hoy dueño del histórico correo privado y la compra de la low cost, en junio de 2025, lo colocó al frente de una compañía que profundizó una crisis que muchos consideran terminal.
Leonardo Scatturice junto a Donald Trump y uno de sus principales estrategas, Barry Bennett
Durante 2026, algo se modificó también en la manera en que el propio Scatturice administra su exposición. El empresario que durante años hizo del bajo perfil casi un método empezó últimamente a dejarse ver en escenarios bastante más mundanos y alejados de los despachos. Antes del Mundial, por ejemplo, apareció en Perú junto a Rodrigo De Paul durante un recital de Tini Stoessel. El cambio acompaña su nueva dimensión: a medida que creció su influencia en la Argentina, también comenzó a desdibujarse aquella obsesión por permanecer fuera de cuadro.
Pero hay una última escena que, a la luz de lo sucedido con el expediente sobre el equipaje de Arrieta, adquiere un color particular. En abril, Scatturice pudo ser visto en una mesa de Roldán, el restaurante de Palermo frecuentado por dirigentes políticos, empresarios y hombres de la Justicia. A su lado, entre los comensales, se encontraba ni más ni menos que Pablo Yadarola. Dicho al modo de los tribunales: no más preguntas, señor juez.
PL/CRM



