“Si El-Sayed puede ganar en Michigan, cualquiera puede ganar en cualquier lugar”: el candidato progresista a senador más odiado por Trump

Abdul El-Sayed acaricia un escaño en el Senado en el Estado donde Trump se impuso hace dos años para convertirse en el primer miembro musulmán en la Cámara Alta de EE.UU.

“¿Se imaginan que hace cinco años, hace cuatro años, se hubiera dicho que el candidato demócrata al Senado en unas elecciones estatales en Michigan, justo después de que los demócratas perdieran frente a Donald Trump, fuera un hombre, un médico musulmán, llamado Abdul El-Sayed?” La reflexión de la congresista Alexandria Ocasio-Cortez en una reunión interna define una batalla que puede ser decisiva no solo para el control del Senado, ya que El-Sayed busca conservar un asiento demócrata en una carrera por hacerse con la mayoría en la Cámara Alta, que ahora está en manos republicanas.

La batalla de El-Sayed tiene mucho que ver también con la pugna entre progresistas y centristas en el Partido Demócrata y, asimismo, con la forma de hacer y financiar la política. El-Sayed, como Ocasio-Cortez, el senador Bernie Sanders, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y todos los nuevos candidatos progresistas renuncian a financiarse con dinero de empresas, corporaciones y lobbies, en contra de lo que hacen sus rivales republicanos y los miembros del establishment demócrata.

Este jueves por la noche, en un abarrotado Miller Auditorium de la Western Michigan University, con capacidad para 3.500 personas, Abdul El-Sayed hablaba a una audiencia entregada en el último tramo de una campaña apretada con su rival republicano, Mike Rogers: “En el país más rico y poderoso del mundo, no debería ser tan difícil permitirse llenar el depósito de gasolina. No debería ser tan difícil comprar una segunda bolsa de la compra, ir al médico, ni pagar los impuestos y saber que ese dinero se va a destinar a vos y a tus hijos, en lugar de a lanzar bombas sobre otras personas y sus hijos. No debería ser tan difícil”.

En la larga cola antes de entrar, Bill, un simpatizante de mediana edad, argumentaba: “Por un lado están los demócratas del establishment, como Nancy Pelosi. Por otro, los demócratas progresistas, como AOC. Y creo que la era de ese tipo de establishment ha terminado, los progresistas están llegando y van a ganar. ¿Querés saber dónde está el problema? Fijate de dónde viene el dinero. Ahí es donde está el problema”.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, ganó las elecciones presidenciales hace dos años con la promesa de traducir los buenos datos macroeconómicos en una mejora de la vida de las personas a través de recortes de impuestos y guerras comerciales. Pero lo cierto es que los aranceles arbitrarios, la represión migratoria y la guerra unilateral en Irán están logrando precisamente lo contrario: que el costo de la vida, la llamada affordability, se convierta en una poderosa herramienta electoral para los demócratas en su carrera por recuperar el Congreso y así complicar al presidente de EE.UU. la aplicación de su agenda ultra.

El-Sayed no es un político profesional, si bien en 2018 compitió en las primarias demócratas para ser gobernador de Míchigan y perdió ante Gretchen Whitmer. Trabajó en el sistema de salud de Detroit y también en la Administración Biden, pero no fue hasta ahora, cuando el senador demócrata Gary Peters anunció hace un año que no se presentaría a la reelección, cuando decidió volver a intentarlo.

“Estudié medicina para aprender a curar, pero me di cuenta de que nuestro sistema sanitario suele estar más interesado en la facturación que en la curación”, explica El-Sayed: “Así que me dediqué a la salud pública”.

Míchigan es un estado con un profundo problema de calidad del agua por la contaminación derivada de la industria automovilística. “Hicimos analizar el agua de todas las escuelas, guarderías y centros de educación preescolar para detectar la presencia de plomo”, explica El-Sayed: “De las 68 escuelas analizadas, 19 dieron positivo en plomo en el condado de Wayne. Y cuando descubrimos que nuestro condado ocupaba el octavo puesto a nivel nacional en deuda médica, destinamos 7 millones de dólares a condonar hasta 700 millones de dólares en deuda médica a 300.000 familias”.

El aspirante a ser el primer senador musulmán de la historia y el primer médico en seis décadas en llegar a la Cámara Alta de EE.UU. relata: “Donald Trump no es, en sí mismo, la enfermedad de nuestro sistema político. Donald Trump es el peor síntoma de la enfermedad que aqueja a nuestro sistema político, un sistema que permite a las grandes empresas, a los multimillonarios, a los grupos de interés y a los oligarcas comprar y vender a los políticos”.

El-Sayed prosigue: “El hecho de que el sistema esté amañado contra nosotros es la razón por la que pagamos más por todo lo que compramos. Nos pagan menos por el trabajo que hacemos y vemos cómo se malgasta el dinero de nuestros impuestos para lanzar bombas sobre otras personas y sus hijos, en lugar de construir colegios, servicios sanitarios y oportunidades para los nuestros”.

Los ejes de la campaña son comunes a los de otros candidatos progresistas por todo EE.UU.: “En un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, las empresas y los grupos de interés no deberían poder dictarnos nuestra política. Hablamos de mantener aquí el dinero de nuestros impuestos para financiar las escuelas y la sanidad aquí, en lugar de enviarlo al extranjero para que allí se cometan las peores atrocidades. Hablamos de por qué, en el país más rico de la historia del mundo, se merecen tener garantizada la asistencia sanitaria a través de Medicare para todos. Ahora bien, sabíamos que iban a gastar mucho dinero contra nosotros”.

“Cuando iniciamos la campaña”, recuerda el candidato, dijimos: “Van a gastar 20 millones de dólares para derrotarme'. Por aquel entonces éramos jóvenes e ingenuos. Los 20 millones se convirtieron en 40, 60 y 70 millones de dólares solo en las primarias. Nos superaron en gasto en una proporción de 11 a 1. Batieron el récord de la mayor cantidad de dinero gastada en una sola campaña de primarias en toda la historia de Estados Unidos. ¿Y saben qué? Más les hubiera valido quemar ese dinero, porque les ganamos de todos modos. Porque si tenés que elegir entre la mayoría y su dinero, elegí a la mayoría. Si tenés que elegir entre la política del pueblo o la política de los intereses, elegí la política del pueblo”.

Haley Stevens, la candidata derrotada por El-Sayed en las primarias demócratas, financiada por, entre otros, el lobby proisraelí, irrumpió el viernes en el tramo final de campaña exigiendo “una disculpa” por las críticas del candidato progresista al Gobierno israelí por el genocidio en Gaza. El-Sayed afirmó en un comunicado emitido a última hora del viernes que la candidata derrotada en las primarias estaba “decidida a reabrir el debate” sobre su contienda, después de que hubiera circulado a finales de semana la posibilidad de que participaran en un acto de campaña juntos este domingo en Michigan.

Las encuestas dan una ligera ventaja de dos puntos a El-Sayed sobre Rogers, y eso lo convirtió en la diana de los peores ataques de la Administración Trump. No hay día que el presidente de EE.UU. no le lance insultos islamófobos, mofándose de su nombre y acusándolo, sin pruebas, de ser un yihadista.

“Hace poco, [Trump] dijo que yo debería pasar por un detector de metales”, recuerda El-Sayed: “Y este es el trato, Donald, escuchá: pasaré por un detector de metales si vos te sometés a un detector de mentiras. Sencillo. No tengo nada que ocultar. Vos tenés mucho que ocultar. Mi primera pregunta: Epstein. Segunda pregunta: ¿ganaste las elecciones de 2020? Así que ese es el trato. Pasaré por el detector de metales todos los días. Y vos te sometés al detector de mentiras una sola vez”.

En efecto, El-Sayed recurre al humor para combatir los insultos de Trump. “Quizá hayan oído que hace poco me llamó Abdul Ramadán. Por si no lo saben, el Ramadán es el mes en el que los musulmanes ayunan desde el amanecer hasta la puesta de sol. La cuestión es que, bajo su presidencia, la cesta de la compra se encareció tanto que no me sorprendería que dijera algo así como: 'Podríamos hacer que todo el mundo celebrara el Ramadán'. Esa es la política de Donald Trump respecto a los alimentos: 'Se encarecieron demasiado, ayuná todo el día'. Abdul Ramadán está a punto de convertirse en 'Trump Ramadán'. ¿Por qué ayunás? No puedo permitirme hacer las compras”.

“Pueden seguir mencionando mi nombre, pueden seguir señalando mi fe”, prosigue El-Sayed: “Mi nombre y mi fe no son la razón por la que no pueden pagar las compras. Mi nombre y mi fe no son la razón por la que no pueden pagar la gasolina. Mi nombre y mi fe no son la razón por la que no pueden ir al médico. Es decir, lo más probable es que, si están yendo al médico, este incluso tenga mi nombre y mi fe. Se ríen para no llorar. Son sus políticas las que están provocando todo esto. Es su guerra con Irán. Esa es la razón por la que no pueden pagar la gasolina ni las compras. Es su guerra arancelaria con Canadá, que es la razón por la que no pueden pagar nada más. Son sus políticas las que les están dificultando ir al médico. Y la razón por la que no quieren hablar de nada de esto es porque no pueden hacer nada para solucionarlo. Y, más allá de eso, simplemente no creo que vaya a funcionar”.

“El desafío con El-Sayed es que es musulmán”

El origen de la ola actual, como muchas veces recuerdan muchos candidatos progresistas, hinca sus raíces en las primarias demócratas de 2016, las primeras a las que se presentó Bernie Sanders y que sentaron las bases de un movimiento organizado del ala izquierda del Partido Demócrata que no dejó de crecer hasta la actualidad.

En Michigan, además, donde la población musulmana es más visible que en otros lugares de EE.UU. y hay un municipio, Dearborn, pegado a Detroit, con mayoría musulmana, se acusó mucho la desafección de votantes progresistas en noviembre de 2024 por la tibieza de Kamala Harris con el genocidio israelí en Gaza y la complicidad del Gobierno del que fue vicepresidenta con la venganza de Benjamin Netanyahu tras el 7 de octubre de 2023.

En efecto, Harris perdió en Michigan por más de 80.000 votos por la decepción entre trabajadores sindicalizados, votantes negros, estadounidenses de origen árabe y musulmanes. Fue una derrota contundente, teniendo en cuenta que el estado tiene una gobernadora demócrata, Gretchen Whitmer, y que solo había respaldado a un presidente republicano una vez en los últimos 22 años: a Trump en 2016, y entonces fue por menos de 11.000 votos.

Ese contexto explica el empuje comunitario de El-Sayed, que cuenta con unos apoyos tan fervientes como deshumanizantes son los insultos que recibe por parte de la Administración Trump. En Dallas, durante la convención republicana a mediados de septiembre para azuzar a las bases MAGA con vistas a las elecciones de este martes, El-Sayed fue el nombre que más pronunciaron las decenas de intervinientes, por encima incluso de James Talarico, el candidato al Senado por Texas que está a punto de arrebatar el escaño a los republicanos frente al candidato auspiciado por Trump, Ken Paxton.

Y sin grandes aportaciones de empresarios, corporaciones y lobbies, la campaña de El-Sayed se nutre de donaciones particulares y de aportaciones de otros representantes progresistas, como Alexandria Ocasio-Cortez, por ejemplo, quien aportó un millón de dólares hace unos días para el último tramo de campaña.

Pero también del esfuerzo de miles de voluntarios que, a falta del mismo dinero que su contrincante para campañas publicitarias, van puerta a puerta buscando el voto para El-Sayed.

Patricia Ordaz llegó de Washington DC para apoyar la campaña de El-Sayed. Nació en México, pero creció en Colorado, a donde llegó con seis años, y se instaló la última semana en Detroit para sumarse a los esfuerzos para ganar el escaño. “El desafío con El-Sayed es que es musulmán”, explica: “El otro día, tocando puertas en la zona de Bloomfield, nunca me había pasado eso de que estuviera llamando a la puerta y una señora no quisiera abrirme, pero desde la ventana me dijera sobre Abdul: 'Nunca votaría por él'. Y le digo: 'Ok. No pasa nada. Solo queríamos confirmar que ya habías votado'. Y ella dice: 'Sí, nunca votaría por él. Podés probar en la mezquita, al final de la calle. Reciben amenazas de bomba todos los días. Pueden ir allí a buscar votantes. Están muy enfadados por eso'. Le dije: 'No pasa nada. Gracias'. Y me alejé y ella seguía hablando. Fue muy raro, nunca me había pasado. Y eso es lo que ocurre con Abdul, lo que lo diferencia es ser musulmán”.

Ordaz explica que amigos y familiares no votaron a Kamala Harris “porque decían que Trump iba a ser mejor para la economía. Y yo en lo que me enfocaba era el sufrimiento de la gente migrante. Desde el principio del primer mandato de Trump se veía que quería forzar muchas de las propuestas, que son totalmente inhumanas. Y ya vimos el resultado, para ellos todos son criminales”.