No hay plato que se identifique tan fácilmente con el invierno como la sopa: ese bowl humeante, a veces más espeso, a veces menos, traslúcido u opaco, suave o intenso, con sus infinitas texturas y colores, que siempre trae a la memoria imágenes de infancia, de cucharones, de ollas burbujeando sobre el fuego. Esas mismas sopas que en Argentina, Mafalda mediante, parecen tan esquivas, pero que forman parte del comer hogareño y cotidiano a lo ancho y largo de este país. Es ahí donde aparece Rezuma, proyecto familiar lanzado en 2024 por Florencia Serantes, casi de casualidad, que se convirtió en un comodín ideal para guardar siempre en el freezer: sopas caseras, que se venden congeladas en sobres apilables, para calentar y disfrutar sin esfuerzo. “Un día mi hija hizo una compra on line en el supermercado, yo le pedí dos lechugas, y ella puso dos kilos. Cuando llega a casa, era un bulto enorme, un montón de lechuga. Hice ensaladas, croquetas… Me acordé de una receta de mi abuela, de sopa de lechuga, raro… La hice y a todo el mundo le encantó. Probé congelarla, y de ahí nació Rezuma”, cuenta Florencia en la cuenta de Instagram de la marca.