Ariana Harwicz pasó de ser acusada a buscar la reconciliación, tras la polémica generada en el Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades (Cultur‑ALH), donde se puso de relieve que el verdadero problema no fueron las palabras, sino los silencios que rodearon el evento.
Durante la reciente edición del Cultur‑ALH, la escritora fue objeto de críticas que inicialmente se centraron en supuestas acusaciones contra su obra y postura. Sin embargo, la discusión tomó un giro inesperado cuando los organizadores señalaron que la falta de diálogo y los vacíos comunicativos habían alimentado la controversia.
En respuesta, Harwicz ha optado por un proceso de expiación, buscando abrir canales de conversación y reparar los malentendidos surgidos. La autora enfatiza que el silencio, más que las palabras, ha sido el verdadero obstáculo que ha impedido una comprensión mutua entre los participantes del festival y el público.



