Con referencias que en muchos pasajes hicieron recordar la tozudez con la que Domingo Cavallo defendía la convertibilidad hasta horas antes de que autoexplotara, en diciembre de 2001; con medidas justificadas en la descalificación de otras propuestas acusándolas de ser “instrumentos de un robo de la alta política a las personas de bien”, o “una estafa”, Javier Milei presentó su proyecto de reforma a la Carta Orgánica del Banco Central con el objeto de eliminar su incidencia en la política financiera, la cual quedará indefectiblemente en manos de las corporaciones financieras del exerior y locales que controlan ese negocio, si es que el Congreso de la Nación se lo aprueba.



