Hoy vuelve a ser “primavera”. Corta, olorosa. La fiesta funda su patria y su bandera sobre una alegría sufrida que penetra y te atraviesa. Se la oye de lejos, subida a la esperanza con su cante hondo. El resultado es de un brillo cegador, que engancha, cautiva y permite seguir subido a la esperanza. Se ganó. Sin más. Apareció Messi, como de costumbre, para iluminar algo de magia ante tanta oscuridad. Un primer tiempo de trámite ante un rival desdibujado, primitivo, estructurado bajo un obsesivo comportamiento defensivo, sin ideas ni creatividad.