La llegada de Robert Prevost genera un debate entre el gobierno, que intenta reducir repercusiones políticas, y la Iglesia, que promueve una agenda amplia basada en la doctrina social frente al modelo libertario.

El Ejecutivo nacional, a través de la Casa Rosada, está trabajando para atenuar cualquier efecto adverso en la escena política derivado de la presencia del visitante internacional Robert Prevost, cuyo paso ha despertado diversas reacciones.

Por su parte, la Iglesia ha decidido adoptar una postura proactiva, impulsando una agenda abierta y participativa que pone en el centro la doctrina social, la cual se muestra en contraste con las ideas libertarias que predominan en algunos sectores del país.