Después de ocho días atrapado bajo una montaña de concreto, oscuridad y polvo, Hernán Gil volvió a ver la luz. El vigilante de 43 años fue rescatado este jueves con vida de entre los restos de un edificio de siete pisos derrumbado en Catia La Mar, una de las zonas más devastadas por los terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio. Su supervivencia, considerada casi imposible, se convirtió en un símbolo de esperanza en un país que ya comenzó a despedir a sus muertos y que enfrenta una emergencia humanitaria de dimensiones crecientes.



