La pena es de azabache, y se canta con voz de madera. El silencio abruma, tiene una pureza cóncava como de interior de aljibe. El dolor cuelga del árbol como una extraña fruta. ¿Qué hacer con este presente deshabitado, desnudo? La tristeza muestra sus vísceras. Se la oye venir desde lejos, poderosa. Huele a pueblo vacío, que ahora espera que la vida escampe, en estos tiempos humanos de rencor de clase y prejuicios de piel y de pobreza.