Tras la muerte de un ser querido, el director decide explorar Islandia sin un objetivo definido y, en medio del recorrido, descubre su propio camino.
El realizador, impulsado por el duelo, se embarcó en una travesía por la geografía islandesa sin una meta clara, dejando que el paisaje guiara sus pasos.
A medida que avanzaba, la ausencia de un plan preciso le permitió abrirse a nuevas experiencias y, poco a poco, encontró una dirección interna que le dio sentido al viaje.



