Como un amor de verano, el Mundial se va alejando y nos deja puro vacío, pura desazón, pura realidad. Esfumadas la plenitud y la euforia, nos sumimos en el letargo de la espera, con la única certeza de que, en algún momento, volverá. Sabiendo que será distinto. Con otros nombres, claro, pero con nuevas expectativas, desbordes y, sin duda, sinsabores. Si algo sabemos, acá en Argentina, es que seguro será intenso. Pero ahora la ruptura es reciente y entonces, como con el amor, al dolor del día después cada quien lo reemplaza con lo que puede, con que le conviene, con lo que le nace.