Aunque en esos días Quentin Tarantino aún no era nadie, cuando en 1992 llegó a Park City para presentar su nueva película en el Festival de Sundance, lo hizo precedido por su reputación. Había participado en el taller de junio el año anterior, donde casi todos habían leído el guión de Perros de la calle. Allison Anders, cuya segunda película, Nafta, comida y alojamiento, competía ese año, oyó por primera vez el nombre de Tarantino en una reunión de lanzamiento de uno de sus propios proyectos, cuando Kurt Voss, su socio, interrumpió media hora su discurso con una digresión sobre Tarantino. Anders recordó más tarde: “No podía creérmelo. Maldición, pensé, ésta es mi reunión y no sé de quién diablos están hablando ahora. Muy bien, dicen que es un gran guionista; ¿podemos seguir con nuestra reunión?”