Después de refaccionar a nueva su casa en el Country de Induo Cuá, Manuel Adorni y su esposa no se anduvieron con chiquitas y le encargaron al contratista de la obra, Matias Tabar, que compre un juego de sábadas premium, en las que se gastaron unos $8 millones, más de dos veces el sueldo del por entonces vocero presidencial. Así surge del peritaje del teléfono del testigo que hasta ahora más daño le hizo al jefe de gabinete en el marco de la causa, que avanza a tientas. Con un ojo en los vaivenes políticos –entre la eventual decisión de la Rosada o la moción de censura en el Congreso— el fiscal Gerardo Pollicita ordenó nuevas medidas de prueba para contrastar la última entrevista de Adorni, después de la que parece haberse hundido más.



