Quizá compartamos el hartazgo por el caso Adorni, y más que por el caso, por la persona; y más que por la persona, por escuchar todo el día hablar de él y del caso. Pero después de la entrevista donde explicó que él fue un pobre millonario (como cantaba Charly en Cinema Verité) y de paso un evasor, a mí me cambió la mirada sobre el tema. Adorni se merece una película, una biopic, un libro, algo con un tratamiento artístico. El tipo sin un mango que vende autos, que después se reinventa “periodista”, y que al final entra a la Casa de Gobierno para denostarnos, humillarnos, culparnos, reírse de nosotros y de la gente que queremos. El tipo que se dedica a sobrar y psicopatear a los periodistas que convoca a sus conferencias de prensa, que golpea a los más débiles de la sociedad para quitarles el pan mientras los acusa de delincuentes y se llena los bolsillos, el que abre la boca nada más que para mentir. El tipo se siente Nerón o algo así, y la soberbia le hace creer que es tan poderoso e impune como los verdaderamente poderosos a los que les sirve banquetes de negocios sucios.