La ausencia de un sector manufacturero sólido que ofrezca puestos de trabajo, impulse servicios y colabore con entidades estatales, académicas y técnicas, está llevando al país hacia una mayor precariedad.

Sin una base industrial capaz de generar empleo estable, la economía se vuelve dependiente de actividades de bajo valor añadido, lo que reduce las oportunidades de ingresos dignos para la población.

Esta carencia también limita la interacción entre empresas y organismos gubernamentales, colegios y universidades, dificultando la transferencia de conocimientos y la capacitación de recursos humanos.

Como consecuencia, la sociedad enfrenta un proceso de deterioro en sus condiciones de vida, con mayor inseguridad económica y menor acceso a servicios de calidad.