La desaceleración de la inflación no alcanzó para aliviar el costo de vida de los sectores más vulnerables. Mientras el Índice de Precios al Consumidor acumuló un 33,5 por ciento en los últimos doce meses, tanto la canasta básica alimentaria, que determina la línea de indigencia, como la canasta básica total, que fija el umbral de pobreza, aumentaron por encima de ese nivel. La primera subió 36,3 por ciento y la segunda, 35,7, reflejando que los hogares de menores ingresos enfrentan una inflación superior al promedio.

