Las elecciones en Colombia anticipan, con notable claridad, el clima político que podría instalarse en la Argentina el año próximo. La áspera campaña que debió enfrentar Iván Cepeda (foto) no expresa solo una disputa local: también pone en evidencia la toxicidad política que el Departamento de Estado proyecta sobre América Latina y el Caribe, en línea con su Estrategia de Seguridad Nacional, presentada por la Casa Blanca en diciembre de 2025. Ese injerencismo no opera de forma aislada ni improvisada, sino a través de tres frentes convergentes. El primero es militar y se apoya en la amenaza y la intervención bélica, como ocurre con Venezuela y Cuba. El segundo es político y combina guerra económica, lawfare judicial y persecución mediática. El tercero, quizá el más sutil y eficaz, es cognitivo: articula vigilancia, espionaje y manipulación de conductas a partir del conocimiento detallado de temores, expectativas y disposiciones personales, relevados mediante herramientas de Inteligencia Artificial (IA). No se trata de hechos aislados, sino de una arquitectura de intervención cada vez más sofisticada.



